Emiratos Arabes Unidos

©2018 por Rashid Garcia. Todos los derechos reservados

El Proyecto

 

 

"El problema no es el proyecto, el problema es que no existe". Nunca parece del todo desatinado modificar la letra de una canción de Arjona, todas tan pegadizas pero siempre dejando la sensación de que podrían tener un poco más de sesera en la lírica. 

 

Hacer cronologías con respecto a la AFA tal y como la conocemos puede ser tan pesado y monótono como una canción del guatemalteco si uno va al detalle fino de cada gestión, pero se simplifica diciendo que, salvo situaciones muy puntuales, siempre se hizo todo mal.

 

La excepción que confirma la regla, y estamos hablando de toda la historia de una federación de fútbol, es el ciclo de Pekerman en juveniles. Seguramente muchos exclamarán al instante: "¡Eh! ¿Y el ciclo de Menotti? ¿Y el de Bilardo?". Bueno, yo los meto dentro del paquete, sigo salvando solo a esos años del ciclo de José al frente de los juveniles, pero claro, a partir de ahora explico por qué. 

 

Cuando tantos se llenan la boca hablando del proyecto alemán tal vez obvian un par de cuestiones reales y bastante aplicables a lo nuestro. desde la implementación del famoso proyecto (inicios del 2000), hasta ahora, Alemania apenas ganó un mundial, y lo ganó tras una final en la que estuvo, varias veces, a punto de perder por errores defensivos propios, errores de definición ajenos y alguna manito arbitral. Los otros tres mundiales que ostentan los teutones fueron ganados tan a los ponchazos como los nuestros. Ni siquiera ganó una Euro, incluso habiendo sido co-organizador de las últimas dos. Apenas llegó a la final de la de 2008, que perdió con España. Aunque la idea de Alemania, aun tras la catástrofe de Rusia, no se va a modificar porque le permite a su conductor de mayores disponer de variantes a fin de retomar el rumbo, usan el proyecto como usina.  

 

Primera conclusión, ningún proyecto garantiza nada. Y ahí radica una de las maravillas del fútbol. 

 

De todos modos, si queremos ser como Alemania debiéramos contar con una dirigencia capacitada y unida, que no priorice aspectos personales o de sus clubes por sobre la Selección, que escuche sin ofenderse, que sepa negociar y dialogar. Bueno, de eso no tenemos nada y, a ojos vista, no lo vamos a tener en el corto ni el mediano plazo.

 

Segunda conclusión, para ser como Alemania no debiéramos parecernos tanto a Argentina.     

 

Existe otra secta de acólitos bien identificable que adjudica los éxitos del Barcelona de Guardiola y de la Selección de España 2008-2012 al trabajo de la Masía catalana. El supuesto semillero de talentos generados gracias a, y dale con la palabrita, un proyecto.  

 

Pues bien, justamente durante 2011 y 2012 tuve la oportunidad de trabajar con el mexicano Albert Benaiges, un experimentado y muy capacitado formador de inferiores que había sido director de la Masía durante 20 años. El me lo explicó en muchas horas de charla que pueden resumirse bastante burdamente en un par de lineas: Que de una sola camada te hayan salido juntos, y casi al mismo tiempo, un Piqué, un Xavi, un Puyol, un Busquets, un Iniesta, un Valdés y un Messi, más que al proyecto habría que atribuirle semejante cosecha  a la fortuna, o a los dioses, como usted lo prefiera. Cierto es que esa generación, sumada a varias incorporaciones atinadas, le dio a Guardiola la posibilidad de implementar una idea de juego tan hipnótica como acertada, tenía las herramientas justas para hacer lo que finalmente hizo, y ahí radica el fundamento de su éxito. 

 

Benaiges aventuraba en esas charlas, además, que difícilmente pudiera repetirse una camada como esa en el futuro por un par de motivos obvios, primero porque en fútbol hay cosas que simplemente se dan y el otro es porque no andan naciendo messis todos los días por ahí. Ahora el Barcelona navega entre contrataciones rutilantes y exageradas erogaciones de dinero en el mercado, con mayor o menor acierto, porque hace 10 años que del otrora famoso proyecto de la Masía no surge un futbolista medianamente estelar.

 

Pero veamos como andamos por casa. En los últimos años, y sin proyecto a la vista, hemos contado con una camada de jugadores que no tenía mucho que envidiarle a otras potencias nacionales,  con el valor agregado de que ninguna de esas potencias tuvo, al menos en esta era, un Messi ni nada que se le parezca. Y la verdad es que, más allá de la no consecución de algún premio mayor, la Selección Argentina solo pasó papelones durante el último mundial, cuando esa misma generación pecó de obstinada y tuvo un entrenador que solo pecó de ser lo que uno imaginaba que era: un buscavidas sin historia previa, con mayor capacidad para el lobby que para el manejo de grupos tan egocéntricos.          

 

Aunque de Sampaoli ya hablaremos más largo y tendido en otro momento, que tampoco el hombre es el culpable de todos los males del universo.

 

Hora de regresar al tema Pekerman, se dice que esta generación es la última parte del proyecto del que fue jefe y que los jugadores más experimentados del grupo de 23 mundialistas en Rusia fueron formados por José. ¿Será tan así?, ya hablamos antes de la Masía, entonces, ¿A Messi lo formó Pekerman? ¿A Higuaín? ¿A Agüero? ¿A Mascherano?

 

No, no y no. Aunque cada caso es diferente, los jugadores se empiezan a formar en sus clubes de origen y acaban de desarrollarse, sobre todo en el aspecto físico, cuando saltan a Europa. La gran capacidad de Pekerman -Que llegaba tras una vasta experiencia en el manejo de juveniles- fue que su conocimiento le brindaba un ojo clínico para la elección de los jóvenes que iba incorporando, darles continuidad a los equipos de juveniles, competir en forma permanente y siempre con seriedad y, tal vez por una amalgama de todo lo anterior, generar identidad de selección en jugadores que, al llegar a la mayor, ya entendían de que se trataba el desafío. 

 

La cosecha de su trabajo era el gran número de opciones disponibles que terminaba por entregarle al entrenador de la mayor. Porque ahí es donde, ahora sí nos vamos poniendo de acuerdo, radica el gran secreto de un proyecto. Producir material calificado para generar competencia y darle herramientas al director técnico de la selección mayor. 

 

Me preguntaba antes si lo de Menotti y Bilardo no habían sido proyectos. Bueno, yo no lo creo así, al menos no del todo. Tal vez un poco más lo de Menotti, que llegó en el peor momento del fútbol argentino y manejó la refundación con pulso firme, convicciones férreas y cierto carisma que le daba ventaja en las tormentas. Hurgó en el interior del país, mitad por acierto y mitad por obligación ya era un momento sin tanto argentino en el extranjero y se encontraban perlas con opciones de mundial en Córdoba, en Rosario, etc. Entre mucho disponible eligió bien. ¿Juveniles? Se encontró con la gran generación del 79 a la que comandó al título de Japón pero no mucho más. 

 

Supo formar un equipo inteligente y sólido, porque al que diga que la selección del 78 era un ballet lo invito a repasar los 6 partidos, un equipo que estaba obligado a ganar el mundial de local y lo ganó. En los siguientes cuatro años se le fue desmoronando la idea, insistió con varios de los del 78, convocados por sus laureles, y en España fue impotente ante selecciones más ordenadas y que ya le habían encontrado la vuelta al clásico achique defensivo de los equipos del Flaco. 

 

En fin, más que proyecto, lo de Menotti fueron cuatro años de convicción, apoyo externo para bancar la continuidad, y darle rodaje a su equipo y su idea. En ocho años de gestión en mayores solo se ganó un mundial como local y en copas América ni siquiera se arrimó a una final. Si la pelota de Rensenbrink, en el último minuto de la final en River, pegaba en el palo y entraba tal vez estaríamos hablando de otro fracaso. ¿Y el proyecto?

 

El Doctor Bilardo comenzó a trabajar con un grupo de sub25 en 1983, con ellos fue armando un equipo y estampando su idea, al punto que casi la mitad de ese primer grupo acabó jugando la Copa del Mundo en México 86. En juveniles fue, tal vez, una de las eras más nefastas de la historia moderna, equipos que cambiaban permanente, sin notoriedad en los torneos que jugaban y con problemas de conducta en varios campeonatos. A Carlos solo lo obsesionaba hasta el insomnio su equipo y su fijación por el trabajo, sumada a su actualización permanente,  lo depositó, tras un proceso previo complicado y gracias al sostén de Maradona y Grondona, en la final de México 86. También a los tropezones y con contracción táctica, cierta épica y bastante suerte se alcanzó la final de Italia 90. En el medio, nada en juveniles, nada en copas América. ¿Y el proyecto?

 

En el medio de todo este berenjenal, nos nacieron un Maradona, Kempes y un Messi. Los tres en exceso claves en lo poco o mucho que se haya conseguido en todo ese tiempo. ¿Fruto de qué proyecto de selecciones son ellos? 

 

Hay una deficiencia fundamental y primaria que debe atenderse hoy, es a la que yo apuntaría para empezar. El trabajo en juveniles e infantiles no tiene que ver solo con la Selección Nacional, el mundo cambia y el fútbol no es una excepción. Hoy los jugadores en el primer mundo futbolístico debutan con una estructura física, técnica y táctica que por América no existe. Yo pensaría en formadores de entrenadores, habrá que acertar con los nombres e importar capacitados que asistan en congresos, reuniones y trabajos de campo a los directores técnicos de inferiores de nuestros clubes. De todos los clubes, de todas las divisiones, de todo el país.    

 

Con la selección parece todavía más fácil, para juveniles hay que buscar un conductor y un equipo de entrenadores, profesionales de salud -psicología, nutrición, etc.-,  y preparadores físicos, para las diferentes categorías, de hombres con experiencia y capacidad comprobadas en sus equipos. Se me vienen a la cabeza, y eso que no conozco a tantos, al menos diez nombres que he visto trabajar y que podrían estar tanto a la cabeza como con el equipo de trabajo. Si me piden uno arrancaría por Fernando Kuyumchoglu. 

 

Y a esos viajes y estadías alrededor del mundo que tanto disfrutó Sampaoli, yo enviaría al coordinador y a alguno de los entrenadores de juveniles. Con los jugadores de la mayor se puede hablar de mil maneras sin viajar, pero hay que visitar entrenamientos y lugares de trabajo de juveniles. Ver qué comen, cómo viven y qué hacen para llegar tan fuertes a primera, tan rápidos, con tanta ductilidad técnica y tanta inteligencia táctica. 

 

Con todo el respeto que como futbolistas y personas se merecen Scaloni, Aimar o Placente, ¿Qué experiencia previa con manejo de juveniles tuvieron como para merecer estar donde están? 

 

Ahora Chiqui Tapia anuncia que Scaloni y Aimar seguirán como entrenadores de la mayor hasta 2019 y recién luego se contratará al DT supuestamente definitivo para las eliminatorias y, Dios quiera, el Mundial. Tiempo perdido, Chiqui, tiempo perdido. Supongamos, y solo supongamos, que el hombre indicado era Gareca, el tiempo perdido significó ya perderlo a él, ya que es inminente su firma para continuar con Perú.

 

Llegamos, para terminar, a la querida Selección Mayor, a esa Albiceleste que nos desvela. Hay material, tal vez no sea el que muchos desean, pero hay. Buscar el entrenador que empiece a trabajar con un equipo Sub25, como aquella vez hizo Bilardo, y darles rodaje, partidos, ensayar variantes. Pensar en Messi para el Mundial del 2022 es ponerse en manos de la genética, tiene 31 y ya arranca un proceso lógico de deterioro físico que puede o no tenerlo apto para Qatar, cuando tendrá 35 y medio. Una edad en la que muchos ya se retiraron. Hay que armar un equipo sin él, después meterlo en la Copa América para ir a ganarla, ¿Por qué no?, y después ir asumiendo lo que su propio físico le permita. 

 

Para ese puesto supremo que a tantos les quita el sueño, pero que parece que a Simeone y Gallardo no se los quita tanto, pensar en formadores de equipos más que otra cosa no estaría mal y acá viene mi gran diferencia con la mayoría de la opinión especializada. Nada de ir a buscar al candidato con el proyecto antes de la camiseta, el candidato primero debe desvelarse por ese escudo y estar al tanto en cuanto a la evolución del fútbol internacional. El proyecto, si funciona, será su asistente clave para proveerle opciones para el armado de ese equipo. Pero el director técnico de la mayor debe pensar en la mayor. Candidatos hay muchos y muy calificados, varios que pueden estar, si me preguntan a mí, yo arrancaría por Gustavo Alfaro. 

 

Pero, mientras tanto, hay para empezar, hay mucho para empezar. Yo creo ciegamente en la generación que viene y necesita ya medir sus posibilidades, probar si pueden trasladar a la selección lo que tan bien ya hacen en sus clubes. 

 

Y, tanto creo, que casi como jugando es que publiqué hace un tiempo en Twitter una lista de seguimiento, a la que llamé #100ParaQatar. Si el que esté leyendo cree que en la siguiente lista hay nombres que faltan, mejor, me estarían dando la razón. Recomiendo no dejarse llevar por el pesimismo generalizado.   

    

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November 15, 2019

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