Emiratos Arabes Unidos

©2018 por Rashid Garcia. Todos los derechos reservados

La copa más oscura

 

LA ADJUDICACIÓN 

 

El OBE David Beckham, Lord Sebastian Coe y Andrew Anson no lograban ocultar sus muecas de indignación, habían concurrido al 60º Congreso de la FIFA como ese ternado que asiste a los premios Oscar aún a sabiendas de que va de absoluto punto y que otro será quien levante la estatuilla dorada. La orgullosa y prolija candidatura de Inglaterra no tenía chances ante las influencias y el movimiento económico de la Rusia de Vladimir Putin, premiado a pesar de dirigir una de las regiones  con mayores conflictos bélicos internos del planeta. 

 

Pero lo que no esperaban los emisarios ingleses, ni los estadounidenses ni los australianos, lo que no podía creer ninguno de los presentes era que, apenas un rato después, Zinedine Zidane y el Jeque Hamad bin Khalifa Al Thani, entonces Emir de Qatar, se fundieran en un abrazo casi al tiempo en el que Joseph Blatter abría el sobre que contenía la papeleta con el nombre esperado.

 

Los miembros del Comité de la Candidatura de los Estados Unidos no salían de su perplejidad. El mismísimo Barack Obama se había reunido con Blatter en julio, apenas cinco meses antes, y les había asegurado que todo marchaba sobre rieles, el gran país del norte contaba con la palabra dada por Jack Warner, Presidente de CONCACAF, y de Julio Grondona, hombre fuerte de CONMEBOL, y con los votos de ambas confederaciones dados por sentados, el camino estaba allanado y nada podía salir mal.

 

Era evidente que algo no estaba bien, mientras Zizou daba su discurso y los qataríes no paraban de festejar, un llamado desde Zúrich hacia la propia Casa Blanca informaba de la situación y de ciertos movimientos que habían llamado la atención de la comitiva, fue Don Garber, comisionado de la Major League Soccer, quien efectuó el llamado y desató una tormenta de investigaciones que, originada en Washington, haría estragos en el mundo entero. Un escándalo de proporciones inimaginables que acabaría con varios funcionarios de FIFA destituidos y entre rejas, Sepp Blatter incluido.  

 

 

LA CANDIDATURA

 

El 2 de febrero de 2009, el Estado de Qatar presentó oficialmente ante FIFA su candidatura para ser sede de la Copa del Mundo 2022, los objetivos estaban claros: convertirse en el primer país árabe en albergar el máximo evento deportivo del orbe y limpiar su imagen política en la región, sus vecinos del GCC (Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo, compuesto por Qatar junto a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Omán y Kuwait), ya miraban de reojo su juego a dos puntas trazando alianzas encubiertas con Irán y las ramas políticas más radicales de Egipto. 

 

El Emir Hamad bin Khalifa Al Thani designó a su hijo, Mohamed bin Hamad bin Khalifa, como presidente del Comité de Candidatura, pero el joven jeque, de solo 21 años, sería solo la imagen nominal como líder del equipo. El trabajo de campo pesado, el real hombre fuerte para enfrentar la dura tarea que estaba por delante, debía ser alguien con mayor cintura política y más avezado en los manejos del fútbol internacional.

 

La responsabilidad recayó en el nombre más obvio de los disponibles: Mohamed bin Hammam. Hombre de negocios qatarí, cerca de los 60 años de edad y que había sido presidente de la Federación de Fútbol de Qatar y era el presidente en funciones de la AFC (Confederación de Fútbol de Asia) desde 2002, posición desde la que había conseguido desarrollar y crear la Liga de Campeones de Asia y la controvertida incorporación de Australia como miembro permanente de la AFC.

 

Bin Hammam, como miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA desde 1996, tenía experiencia y conocimientos suficientes como para saber quién era quién y que botones presionar a fin de que la contienda alcanzara los resultados esperables. Tenía claro que el rival a vencer era Estados Unidos, porque el coloso norteamericano contaba con la decisión política firme de ser el organizador del torneo, y porque los otros tres candidatos, Corea del Sur, Japón y Australia, pertenecían a su misma confederación y, de uno u otro modo, debían favores al presidente.       

 

Pero al equipo le faltaba un miembro clave, la última pata de la mesa se completaría con Amadou Diallo, un guineano residente en París e íntimo amigo de Bin Hammam. Diallo sería el encargado de la fase más delicada de las operaciones: el movimiento de dinero.

 

Si bien tanto Bin Hammam como Diallo serían la primera linea de ofensiva de un equipo conformado por decenas de integrantes, al Emir Al Thani no se le escapó un detalle que más tarde resultaría clave, ninguno de los dos figuraba oficialmente como miembro del Comité de la Candidatura de Qatar 2022.

 

 

LOS EMBAJADORES

 

La candidatura de Qatar debía contar con una atractiva cara visible, a las maquetas de los estadios, los vídeos de promoción turística y la promesa de la mejor copa de la historia, se sumaron "embajadores" que serían figuras claves, con mayor o menor presencia activa, en la actividad promocional y ejecutiva de la gestión. 

 

La inversión sería mayúscula, no menos de 40 millones de dólares. La cara más visible fue la de Zinedine Zidane, encargado de los discursos de apertura y cierre, quien habría recibido 15 millones de dólares por la tarea. Se sumaron figuras de mayor o menor relieve, casi todas en el ámbito deportivo, aunque hasta el Arzobispo Desmond Tutu agregó su granito de arena a cambio de 80.000 dólares recibidos a modo de donación para sus actividades de caridad. 

 

                                            PROMOTORES DE LA CANDIDATURA DE QATAR 2022

 

 

 

LOS VOTOS

 

OFC: La presidencia de la Confederación Oceánica de Fútbol estaba a cargo del tahitiano Reynald Temarii, un ex jugador del Nantes de Francia que ocupaba esa posición desde 2004, siendo también vicepresidente de FIFA y miembro del Comité Ejecutivo. A Temarii lo acosaban cargos de corrupción y su posición tambaleaba, pero Bin Hamman encontró una solución, le giró alrededor de 350.000 doláres para solventar gastos de representación jurídica, de modo que el tahitiano evitara una destitución y fuera reemplazado por otro candidato que, seguramente, hubiese votado por Australia.   

 

Temarii intentó justificar la situación al aducir que dichos fondos fueron donados por Qatar con el objetivo de abrir una academia de deportes en Tahití.  

 

 

 

 

CAF: La Confederación Africana de Fútbol jugaría un rol clave para las aspiraciones de la candidatura qatarí, con cuatro integrantes dentro del Comité Ejecutivo de FIFA, sus votos podrían jugar un rol clave en la elección y no podían dejarse pasar por alto.

 

En diciembre de 2009, varios miembros del comité qatarí, con Amadou Diallo entre ellos, se reunieron en un hotel de Abu Dhabi con el egipcio Hany Abu Rida, uno de esos cuatro hombres fuertes de Africa y el acuerdo fue casi inmediato: Qatar 2022 sería sponsor, previo pago de un millón de dólares, del Congreso de la CAF a celebrarse en enero en Angola. Esto le serviría a la gestión qatarí asegurarse el encuentro con el resto de los miembros. Lo que haya habido en esa reunión de Abu Dhabi, además de aquel acuerdo de patrocinio, entre Qatar y Abu Rida, fue tan imposible de detectar más tarde, que el egipcio fue el único que salió indemne de esta historia y todavía preside la federación de su país.

 

En Angola, durante ese congreso de capos africanos, se produciría la primera y estelar aparición pública de Bin Hammam como cabeza visible del proyecto Qatar 2022 y el hombre no desaprovecharía el momento. 

 

Qatar ya pisaba fuerte en Africa a partir del proyecto de implementación y desarrollo, en diez países africanos, de sus academias "Aspire for Sporting Excellence". Un gigantesco emprendimiento del que habló largo y tendido Andreas Bleicher, miembro habitual de las delegaciones qataríes y director de Aspire.

 

Pero el golpe de gracia para la reunión estaría a cargo del propio Bin Hammam, quien no dudó a la hora de juntar al nigeriano Amos Adamu, al marfileño Jacques Anouma y al camerunés Issa Hayatou (presidente de la CAN y miembro del CE de la FIFA) para sobornarlos esa misma noche a razón de 1,5 millones de dólares por cabeza y, de este modo, asegurarse aquellos cuatro votos procedentes del continente negro. 

 

De esta operación hubo un testigo presencial, de quien hablaremos extensamente más tarde, en este mismo artículo.

 

Pero la operatoria de Bin Hamman para con Africa no acabaría ahí, durante todo el 2010 giró 200.000 dólares por persona a treinta miembros de asociaciones de ese mismo continente y se encargó de organizar varios ágapes y banquetes que le costaron otros 400.000.     

 

 

 

 

CONCACAF: La Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol era un objetivo clave y no simple de abordar para los emisarios de la delegación qatarí, el presidente era Austin "Jack" Warner, un triniteño que se esmeraría en colaborar con la misión, pero contaban con un silencioso enemigo interno, era Charles "Chuck" Blazer, secretario general de CONCACAF y miembro del CE de la FIFA que, como ciudadano estadounidense, apoyaba la causa de su nación. Blazer supervisaba a Warner y tiempo más tarde, salpicado por el también global escándalo de los derechos televisivos, sería uno de los principales soplones de sendas investigaciones, la de los derechos y la de Qatar 2022. Curiosamente, o no tanto, el propio Blazer admitió haber recibido sobornos y formar parte de un complot para colaborar con la candidatura de Sudáfrica para ser anfitrión del Mundial 2010. 

 

Pero Warner optó por el camino de las hormigas y con laboriosa prolijidad se dedicó a intermediar en micropagos de 30.000 dólares a los presidentes de las asociaciones centroamericanas aunque él mismo debió esperar hasta el 5 de diciembre de 2010 -3 días después de la elección- para ver justificada tanta tarea fina. 

 

Cuando verificó en su monitor la acreditación de una transferencia de 1,2 millones de dólares a su nombre, procedente de la compañía Kemco Group -controlada por Bin Hammam- soltó una sonrisa de alivio pero fue por más. Días más tarde, otro millón ingresó repartido entre las cuentas de sus dos hijos y un empleado.    

 

 

 

UEFA: Acá es donde la trama empieza a complicarse y le costaría a Qatar una movilización mayor de efectivos (y de efectivo). La Unión de Asociaciones Europeas de fútbol estaba, en ese momento, bajo el control de Michel Platini y Angel María Villar, ambos también miembros fundamentales del Comité Ejecutivo de la FIFA de Sepp Blatter, y a por ellos fueron los qataríes.

 

Hassan Al Thawadi era el CEO de la delegación y debió recurrir a su padre, quien había sido diplomático de Qatar en España, para generar los contactos tendientes a lograr un primer y productivo acercamiento entre las partes. El contacto de Al Thawadi padre era Jaime Fluxa, empresario español y personaje vital, al obrar como intermediario, en el diseño de la logística.

 

La comitiva qatarí desembarco en Madrid el 21 de octubre de 2009, se alojó en el lujoso Gran Melia Fenix Hotel a cambio de unos 3.000 dólares por pasajero y se dispuso a ser protagonista excluyente de la jornada que los esperaba el día siguiente.

 

La reunión, supuestamente ultrasecreta, se celebró ni más ni menos que en las oficinas del Santiago Bernabeu y los equipos formaron así: del lado visitante, se encontraban Hassan Al Thawadi, CEO de la candidatura, el Jeque Sultan Al Thani, directivo de la misma, el citado Jaime Fluxa, Andreas Bleicher, director de las academias Aspire y Athanasios Batsilas, abogado de la QFA (Federación Qatarí de Fútbol). Fueron recibidos por un dream team conformado por Florentino Pérez, mandamás del Real Madrid, José Ángel Sánchez, director ejecutivo del club blanco, Iván Bravo, director de planificación estratégica, Emilio Butragueño, director de relaciones institucionales y el director de infraestucturas Julio González Tojo.  

Los objetivos de la reunión eran varios y casi todos resultaron exitosos. Buscar en el Real Madrid un nexo directo con Villar, acordar el apoyo mutuo -España iría con la candidatura de Qatar 2022 y Qatar con la de España-Portugal 2018-, La Academia Aspire concretó acuerdos de desarrollo junto al Madrid para instalar establecimientos en Asia y África, se firmaron millonarios acuerdos de patrocinio de empresas qataríes para con el Real Madrid y el desarrollo del propio Santiago Bernabeu, este último estuvo a punto de llamarse IPIC Bernabeu durante varios años debido a la presión de esa compañía petrolera -con base en Abu Dhabi- para que su nombre figurara en el acuerdo, este punto, finalmente, no se concretó.

 

Para Florentino nada podía salir mejor, su empresa constructora ACS (Actividades de Construcción y Servicios) conseguiría controlar desde junio de 2011 a la constructora alemana Hochtief, la que tenía un 11% de participación del estado qatarí y con la que firmó contratos colosales ligados al Mundial 2022, entre ellos un centro de comercial de 8 kilómetros de longitud, valuado en 1.300 millones de dólares y una ciudad artificial con capacidad para 200.000 habitantes en 37 kilómetros cuadrados y que alojará el estadio en el que se jugarán los partidos inaugural y final de la Copa del Mundo. Sí, Florentino Pérez está construyendo la ciudad de Lusail.   

 

Iván Bravo dejó, ese mismo día, de ser funcionario del Real Madrid para convertirse en director general de estrategia de Aspire. Si hay un momento exacto en el que el emoticón del guiño se corresponde con una sentencia, debiera ser en esta. 

 

No fue casualidad que la fecha coincidiera para que la delegación en pleno pudiese darse un gusto y asistir, esa misma noche, al partidazo en el que el AC Milan batió, a domicilio, por 3-2 al Real Madrid, en el marco de la Champions League.   

 

Hassan Al Thawadi, al día siguiente, pudo verificar como el poder de Florentino obraba milagros y consiguió reunirse a solas, en una sala VIP del Bernabeu, con el mismísimo presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Don Angel María Villar Llona. 

 

Los qataríes se retiraron conformes, ya tenían al Madrid en un puño pero, para asegurarse el apoyo español, necesitaban seducir al otro gigante español: El Fútbol Club Barcelona, y se sabe que los catalanes son huesos duros de roer, salvo que la oferta sea demasiado tentadora.  

 

La reunión en Cataluña fue en febrero del 2010 y esta vez los qataríes fueron a fondo y expeditivos. La oferta fue de cerca de 200 millones para ser patrocinadores de la camiseta culé, algo inédito en la historia del Barcelona, que nunca había aceptado tener un sponsor en su pecho y que, además, era el equipo de moda en el mundo en aquel momento. 

 

Pero la misión encontró un impedimento, el club tenía elecciones en julio y Joan Laporta, el presidente vigente, prefirió no tomar el riesgo ante su masa social -el potencial enojo por ver "manchada" su camiseta-  y la decisión se postergó hasta la asunción de Sandro Rosell, el finalmente ganador de las presidencia del Barça, quien además acordó, igual que lo hiciera el Madrid, convenios de colaboración con la Aspire por 2,7 millones de euros a través de su empresa personal BSM (Bonus Sport Management) y fue nexo de la comitiva qatarí con Xavi Hernández para que el volante se convirtiera en jugador de Al Sadd -club propiedad de la misma familia que fundó Aspire- tras vencer su contrato con el Barcelona. 

 

Ahora sí, Qatar 2022 había cumplido con su meta de conquistar la Península Ibérica, tan claro quedó que fue el propio Ángel Villar quien enviara un mail a Bin Hammam -el cerebro en las sombras- en octubre con un mensaje corto y alentador: "Felicidades, vamos a ganar".

 

La paradoja del final de esta historia es que Qatar, finalmente, apoyó a Rusia en el congreso de diciembre, probando que dinero les sobraba, pero lealtad no tanto. 

 

Pero en Madrid hubo un acuerdo más, en este caso con desenlace tragicómico, Al Thani firmó, directamente con Villar, un contrato en el que la Selección de España, campeones del mundo en vigencia, se comprometía a jugar un partido en Doha a cambio de 3 millones de euros. Dicho encuentro se postergó debido al enojo de Villar pero los qataríes consiguieron hacer ejecutar el convenio recién el 6 de febrero de 2013, cuando España se vio obligada a cancelar un partido acordado con, caprichos del destino mediantes, Portugal. Finalmente La Roja enfrentó en Doha a Uruguay y venció 3 a 1. 

 

 

París es denominada de un modo romántico como "La Ciudad de la Luz", pero con objetivos más bien oscuros fue que se trasladó hasta allí la delegación qatarí. Ya con medio mundo conquistado, a la colonización económica de los árabes les quedaba una estocada final que les permitiera apropiarse de Europa toda y justificar el destino de cierto dinero no justamente empapado en pureza.   

 

Christian Karembeu sirvió de nexo para un encuentro cumbre que tendría de todo menos romanticismo.

 

La cita tuvo fecha y lugar, fue el 23 de noviembre de 2010 -a una semana de la elección de las sedes mundialistas- en el Palacio del Eliseo, lugar emblemático de la historia francesa. Los concurrentes al cónclave que marcaría un antes y un después en las condiciones económicas del fútbol galo, y de Europa toda, eran nombres a la altura de la magnitud del evento. 

 

Al príncipe Tamim bin Hamad Al Thani, inminente Emir de Qatar, lo rodeaban altos funcionarios de su gobierno y una cara que, recién ahora, aparecía en escena: La de Nasser Ghanim Al Khelaifi.  

 

Por el lado francés, la importancia que tendría el encuentro se notaba solo con repasar las caras presentes: A Michel Platini, presidente de la UEFA, se sumaban Sebastien Bazin, propietario del PSG y ni más ni menos que el presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy. 

 

Esta vez los objetivos de la misión no terminaban solo en conseguir el apoyo de Europa para la candidatura de Qatar 2022, lo que el propio Platini dio por sentado al finalizar el día. Francia se convertiría en la plataforma de despegue de la familia Al Thani para una conquista que ni tenía, ni todavía hoy tiene, límites verificables. 

 

El PSG estaba en manos de la firma Colony Capital, liderada por Bazin, y atravesaba una de las peores crisis financieras y deportivas de su historia. Ese mismo año había concluido 13º en la Ligue 1 y no contaba con figuras de nivel internacional en su plantel. El mismo presidente Sarkozy, confeso hincha del Paris Saint-Germain y habitué de su palco en el Parque de los Príncipes, había manifestado su preocupación por mejorar esta situación y la solución llegaría ese mismo 23 de noviembre gracias a la oferta de Qatar Investment Authority (QIA), el brazo financiero de la familia real qatarí, que compró el club por 50 millones de euros y comenzó, desde 2011, a desarrollar una estrategia de inversiones estratosféricas para posicionar al PSG en los primeros planos del circo del fútbol europeo.      

 

Nasser Al Khelaifi es un ex tenista profesional que llegó a estar rankeado en el ATP y que, a partir de su amistad con la familia mandamás de su país, se convirtió en el testaferro de QIA y sería quien llevara a cabo el desarrollo de inversiones que comenzaron con el PSG, club del cual se convirtió en presidente y en el que no ha parado de concretar cada gusto que la familia Al Thani se propone y le impone. Desde aquella primera inversión en futbolistas que comenzó con Javier Pastore y pasó por decenas de figuras internacionales hasta acabar con el récord marcado por el pago de la cláusula de rescisión de Neymar Jr., jugador del FC Barcelona que también se convirtió -previsto en su contrato- en cara de la gestión Qatar 2022.

 

Tras el almuerzo, Sarkozy planteó una nueva problemática ante los qataríes, su viejo encono con el Canal Plus (Canal+) francés debido a la siempre crítica postura de la señal para con su gestión y empresa que había sido, hasta 2006, propietaria del club parisino. Michel Denisot, el hombre fuerte del grupo televisivo fue también el presidente del club y Sarkozy deducía que su política de ajustes había contribuido a la debacle deportiva del equipo de sus amores. Asimismo, Canal+ poseía los derechos de transmisión de la Ligue 1 y debían encontrar un modo de imponerle nuevas condiciones .

 

Fue esa misma tarde que nació BeIN Sports, la señal deportiva del multimedios qatarí Al Jazeera -propiedad, como no, de la familia real- que más tarde quitaría del medio a Canal+ pagando 150 millones de euros para hacerse de los derechos de la Ligue1. BeIN adquirió luego también los derechos de los siguientes cuatro mundiales para Francia, Medio Oriente y Africa del Norte.

     

Antes de las despedidas, la delegación qatarí se comprometió, inversiones de QIA mediante, a adquirir también una parte mayoritaria del paquete accionario del grupo Lagardére, una sociedad dueña de firmas como Airbus, Paris Match, Quo, Editorial Salvat o Time Warner Group, entre otras.   

 

En virtud de toda esta serie de movimientos financieros y la poca claridad de la procedencia de los fondos, hoy Al Khelaifi suele desfilar por juzgados franceses y suizos rechazando acusaciones de lavado de dinero, y procesos legales varios, con mayor destreza que la que tenía para devolver los saques de sus rivales del ATP. 

 

Si bien la expansión de Qatar Investments Group no acaba, ni mucho menos,  en Francia, fue en el país de Napoleón Bonaparte en donde sucedió el Big Bang de una vuelta al mundo que siguió con la compra de la petroquímica francesa Total SA, la hollywoodense Miramax Films, la Torre Shard londinense e innumerables etcéteras.

 

Un par de días más tarde, a horas del Congreso FIFA que determinaría la sede del Mundial 2022, un correo electrónico de Jerome Valcke, secretario ejecutivo de la entidad madre del fútbol internacional, contenía la más explicita y terminante conclusión al respecto de la campaña previa: "Han comprado el Mundial 2022".  

 

 

CONMEBOL: Sudamérica no debería ser un escollo insalvable para la misión qatarí, una confederación con solo diez países miembros y un frondoso y tristemente célebre historial de acuerdos espurios y corrupción. Aquí es donde reaparece en escena Mohamed bin Hammam, porque tenía en carpeta dos nombres que resultarían fundamentales para sus aspiraciones personales que iban más allá de que Qatar consiguiera convertirse en el organizador de la Copa del Mundo 2022. La ambición secreta de Bin Hammam era convertirse en presidente de la FIFA y hasta llegó a disputarle el sillón a Blatter, presentándose como candidato en el Congreso de 2011. Los dos nombres fuertes que el qatarí tenía en mente para impulsar su carrera personal eran los de Ricardo Teixeira, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y Julio Humberto Grondona, histórico capo máximo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El contacto inicial de la misión qatarí con AFA fue Gabriel Batistuta, uno de los embajadores de la candidatura. 

 

El primer acercamiento se dio el 19 de enero de 2010 en un coqueto y exclusivo club de golf de Rio de Janeiro, hasta allí voló su alteza, el Emir Hamad bin Khalifa Al Thani, secundado por Bin Hammam y en donde encontraría a uno de los primeros impulsores de ese agasajo, Sandro Rosell. El resto de los concurrentes eran todos ex y actuales ejecutivos  VIP del fútbol sudamericano y se destacaban Julio Grondona, Ricardo Teixeira, Joao Havelange y Nicolás Leoz. 

 

La AFA atravesaba en ese momento por una, otra más, tormenta financiera que asfixiaba a los clubes y a la gestión de la administración, así que Bin Hammam intuyó que el camino para seducir a los argentinos iba por ese lado, en este caso no era como con los africanos a los que pudo arreglar con una sola valija repleta de dólares.  La vara se elevaba e iba a encontrar su primera batalla perdida. 

 

Bin Hammam intentó, a través de Al Jazeera, hacerse de los derechos de televisión del fútbol argentino y llegó a ofertar más de 220 millones de dólares pero encontró un escollo, esos derechos estaban en manos de TyC Sports y Fullplay, las compañías administradas por los Jinkis y Alejandro Burzaco -que años más tarde aportó testimonios clave en este sentido- y, más allá de haber sostenido varias reuniones en Estados Unidos no llegaron a ponerse de acuerdo, a los argentinos les convenía seguir manteniendo el negocio bajo control. 

 

Pero Teixeira y Grondona, viejos lobos en estas lides, encontraron una solución salomónica al asunto, solían hacerlo, y para llevarla a cabo utilizarían las herramientas más redituables que tenían siempre a mano: sus selecciones nacionales. 

 

Bin Hammam así encontraba la puerta grande de Sudamérica abierta y de la mano de los presidentes argentino y brasileño no sería difícil conseguir la anuencia del resto de los miembros, cuestión que finalmente se obtuvo salvo por un miembro: Sebastian Bauzá. El presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol se mostró como el único renuente a ser parte de un complot que atentara contra la limpieza de la elección venidera. 

 

Qatar convino con la AFA y la CBF realizar un partido entre la selecciones a jugarse en el Estadio Internacional Khalifa, en Doha, el 17 de noviembre de 2010, a solo tres semanas del Congreso FIFA. El partido le costó a Bin Hamman, que utilizó una empresa pantalla para la organización, unos 9 millones de dólares. Más del triple de lo que habitualmente costaría llevar a cabo este partido.

 

La triangulación se llevó a cabo entre Ghanim bin Saad Al Saad & Sons Group Holdings (GSSG), una constructora qatarí que servía de testaferro de bin Hammam, una firma fantasma radicada en Singapur y llamada -para la ocasión- BCS ltd, Kentaro, una empresa suiza que poseía los derechos de varios partidos de Brasil (que por esto cobraría menos) y que fue quien finalmente proveyó a la justicia de toda la documentación requerida y World Eleven, empresa argentina que se dedicaba a organizar partidos de la Albiceleste y de la que su propietario, Guillermo Tofoni, era confidente íntimo de Grondona y su interlocutor con la delegación árabe.  

En el contrato del partido se estipulaba la presencia obligatoria de las principales estrellas de ambas selecciones, hecho que disgustó a los entrenadores Sergio Batista y Mano Menezes, quienes debían enfrentar un viaje largo y una convocatoria condicionada. Los del Checho lo acabarían ganando por 1-0 con un tanto marcado por Lionel Messi sobre el final del encuentro.

Finalmente, durante el congreso del 2 de diciembre, y tras la primera votación, tanto la delegación qatarí como Grondona y Teixeira cayeron en la cuenta de que se les había quedado un cabo suelto. El presidente de CONMEBOL, el paraguayo Nicolás Leoz, sentía que se  había quedado afuera de todos los convenios previos y votó en primera ronda por Estados Unidos. La situación se zanjó en un baño de la sede FIFA en Zúrich cuando, según contó el allí presente Alejandro Burzaco tiempo despúes, Grondona se encargó de presionar a Leoz a su manera para que el paraguayo cambie su voto en la ronda decisiva.

 

Por el lado de Ricardo Teixeira y debido a aquel acuerdo con Kendaro, los números tampoco cerraban hasta ahí del todo. Pero el hombre había recibido un compromiso y en junio de 2011, en una cuenta a nombre de su hija de 11 años, se acreditó una transferencia de 3,4 millones dólares procedentes de BSM, la compañía de Sandro Rosell. Porque todo tiene que ver con todo. 

 

 

LA REVELACIÓN

 

A esta altura de la lectura, seguramente muchos se estén preguntando como es posible que a los actores de semejante obra oscura se les hayan escapado tantos detalles, tanta confidencialidad.

 

El 29 de enero de 2013, la prestigiosa revista francesa France Football publicó, en su edición de papel, un impactante dossier de 16 páginas titulado "Qatargate" que detallaba el esquema de corrupción que envolvió al caso del proceso previo a la adjudicación de la organización del Mundial 2022 por parte de Qatar. 

 

En este informe participaron periodistas de varios países, quien esto firma incluido, que habían dedicado los últimos años a la investigación y seguimiento de este tema. El grupo de reporteros fue convocado y posteriormente dirigido por los experimentados y reputados Eric Champel y Philippe Auclair.

 

Muchos de las aseveraciones publicadas en ese reporte fueron duramente cuestionadas desde Francia y Qatar como inverosímiles, algo esperable por todos los participantes en esa tarea, debido a que fue el primer golpe de dudas para con el proceso y la mayoría de los testimonios recogidos para la reconstrucción de los sucesos debían mantenerse en el anonimato. 

 

Lo que sentimos todos era que, de nuevo, era la prensa inventando contra los "impolutos" ejecutivos de FIFA, incapaces de realizar acciones como las descritas en el reporte. Aunque, al mismo tiempo, todo era cuestión de sentarse y esperar a que el tiempo diera su veredicto.

 

Un año y medio después, el 1º de junio de 2014, el periódico inglés The Sunday Times publicó otro extenso reporte, esta vez de diez páginas y titulado "Complot para comprar la Copa del Mundo", en el que se verificaban los datos impresos en aquella edición de France Football pero, esta vez, se agregaron datos personales como nombres de los testigos aportantes, copias de correos electrónicos y transcripciones de audios. Los firmantes de la nota eran los periodistas ingleses Jonathan Calvert y Heidi Blake.

Este nuevo reportaje sobre el asunto generó una repercusión inmediata, global y en extremo inquietante para todas las partes involucradas y que, ahora sí, tenían del todo sus caras al descubierto. La nota consiguió el premio a la investigación del año y significó el puntapié inicial para la aparición de más y más testimonios inéditos que provocarían una escalada sin precedentes.

 

Esta creciente aparición de testigos y pruebas les permitieron a Calvert y Blake redoblar la apuesta y publicar, el 23 de abril de 2015, el libro "The Ugly Game: The corruption of FIFA & the Qatari Plot to buy the World Cup", que en español puede traducirse como "El Juego Feo: La corrupción de FIFA y el complot qatarí para comprar la Copa del Mundo". Esta nueva y detallada publicación significó, ahora sí, el golpe de gracia para una fachada que acabó por derrumbarse. 

 

La magnitud de los datos que se referían no solo a los sobornos para conseguir el resultado en el Congreso del 2 de diciembre del 2010 sino, incluso, a todo el esquema de corrupción de ISL (International Sports and Leisure), con varios años de acción ilegal en FIFA, y que acabó con la gestión de Blatter, FBI mediante, en mayo de 2015. Muchos dirigentes de FIFA fueron procesados y encarcelados debido a la investigación.

 

Así como muchos de los dirigentes involucrados en el escándalo de las coimas para Qatar 2022, Mohamed bin Hammam fue removido de su cargo y suspendido de por vida para toda actividad relacionada con el deporte. El gobierno qatarí y el Comité de la Candidatura Qatar 2022 utilizaron, para salvar su propia imagen, el salvoconducto que tenían en la manga desde el día uno: Aducir que Bin Hammam y Diallo -El hombre de las valijas- no eran oficialmente miembros de la delegación.        

 

La fuente fundamental de información con la que, tanto France Football como The Sunday Times, contaron como disparador primario para la elaboración de sus reportes fue la filtración de datos clave que luego serían parte del "Informe Garcia", una profunda investigación que la propia FIFA encargó a dos agentes externos y que terminaría jugando en contra de la entidad, aunque tuviera un final otra vez opacado por las tinieblas del cooperativismo dirigencial.

 

El "Informe García" fue oficialmente iniciado, a pedido de la preocupada FIFA, en julio de 2012. Los responsables contratados serían dos hombres de probada carrera como investigadores judiciales. El primero era Michael J. Garcia, antiguo Fiscal General de los Estados Unidos y quien fue nombrado presidente de la rama investigadora de la Comisión de Ética de la FIFA, el otro fue Hans-Joachim Eckert, un reputado juez alemán que presidía el juzgado en lo comercial Nº1 de Múnich. La idea original de la FIFA era conseguir un lavado de su imagen, ya deshilachada de manera casi terminal por la agobiante crecida de los reportes de la prensa europea.

 

Garcia y Eckert se dedicaron a recabar datos y a convocar testigos de todas las partes involucradas: Dirigentes, empleados y periodistas de todas las nacionalidades y sectores tomaron parte. Con el único protagonista fundamental que no lograron entrevistarse fue con Mohamed bin Hammam, ya atrincherado en Doha bajo el ala protectora de su gobierno.

 

Resultaron fundamentales los testimonios de los miembros de los comités candidatos de Australia, Estados Unidos e Inglaterra quienes admitieron que muchos de los dirigentes del Comité Ejecutivo de FIFA (todos mencionados en esta misma nota anteriormente como receptores de pagos de parte de la delegación qatarí), también habían requerido de sobornos por parte de ellos, dando a entender que la designación de los organizadores de los mundiales 2018 y 2022 había sido colocada en una "subasta al mejor postor".    

 

Pero dos testigos, que ya habían sido fuente clave para las investigaciones mencionadas, resultaron de máxima preponderancia para los investigadores Garcia y Eckert, se trataba de Bonita Mersiades, miembro del comité australiano, que aportó nombres y pruebas significativas que demostraban el pedido de sobornos a la delegación de Australia y, muy especialmente, Phaedra Al Majid, una mujer que era miembro del Comité de la Candidatura de Qatar 2022 y, como tal, formó parte de todos y cada uno de los movimientos del grupo qatarí, incluidas las reuniones de Bin Hammam. Puede notarse que la foto publicada más arriba que grafica la reunión en el Santiago Bernabeu fue tomada por Al Majid en persona. Mersiades y Al Majid se transformaron así en las informantes principales del Informe Garcia.

 

 

Pero, cuando parecía que la luz sobre los hechos al fin triunfaría, una nueva negociación acabó por volver a cubrir todo el caso con un manto de opacidad y negligencia. Garcia había concluido su informe con 990 páginas que serían elevadas a FIFA pero encontró un impedimento inicial, como Garcia era americano y, a modo de evitar un conflicto de intereses, le fue prohibida la entrada a Rusia para investigar los movimientos acontecidos en el país que, finalmente, resultaría adjudicatario de la organización del Mundial 2018.

 

La investigación del tema Rusia fue llevada adelante por el abogado suizo Cornel Borbély que era vicepresidente del Comité de Ética de la FIFA, pero Borbély ya estaba instruído al respecto de que el asunto Rusia no debía progresar y recortó el informe a 350 páginas, eliminando todo dato que pudiera incriminar a la candidatura de los de Putin.     

  

Finalmente, el Informe Garcia fue puesto en manos de FIFA en setiembre de 2014, si bien el americano pretendía que fuese puesto también a disposición de los medios, fue Eckert quien frenó aquella iniciativa de hacerlo público aduciendo "razones legales", Eckert acabó poniendo  a disposición del tabloide alemán Bild un resumen de 40 páginas que, por supuesto, no incluía los detalles más sustanciales.

 

Esta falta de claridad de FIFA y Garcia-Eckert acabó por meter en una encrucijada a los testigos clave. Situación sufrida principalmente por la aportante de los desmanejos de la delegación de Qatar, Phaedra Al Majid, que comenzó a vivir un calvario que todavía transita. A los allanamientos del FBI en su domicilio se sumaron las amenazas de muerte provenientes desde Qatar. Al Majid pidió, públicamente  y en forma desesperada, ayuda a la FIFA en un reportaje televisivo concedido a la cadena Sky Sports en noviembre del 2014, a Phaedra se la veía notoriamente angustiada y desmejorada y explicó que debía vivir en el anonimato, sin domicilio fijo, con custodia permanente y mirando todo el tiempo a los costados debido al temor. FIFA le respondió mediante una carta en la que se deslindó de responsabilidades y dejaba a Al Majid del todo desprotegida y librada a su suerte. Ella misma hizo pública esa carta en su cuenta de Twitter.

 

 

 

 

 

  

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El objetivo estaba conseguido, la extensa cadena de coerción, sobornos, amenazas y extorsión había dado sus frutos y Qatar 2022 era una realidad. En Doha no hubo manifestaciones de festejo ni fuegos artificiales pero sí una extrema satisfacción en la familia real gobernante. La opinión pública internacional posaba sus ojos ahora en otros aspectos relativos a la organización de la primera Copa del Mundo a llevarse a cabo en Medio Oriente, pero esa es otra historia...    

 

 

LA EXPLOTACIÓN

 

Todos quienes llegamos a trabajar en el Golfo Árabe debimos tomar, en algún momento, conciencia de la realidad que significa ser lo que aquí llaman "Un expatriado", es decir los trabajadores extranjeros que son, en una proporción de 9 a 1,  la masa mayoritaria y a la vez menos considerada de la fuerza productiva de los países. En el caso de mi profesión esto es bastante sencillo de ejemplificar con algunos números, un redactor junior -la puerta de entrada para la mayoría de los periodistas jóvenes- de uno de los varios medios gráficos que existen en Emiratos Árabes puede obtener un salario aproximado de entre 1.200 y 1.500 dólares más transporte y alojamiento compartidos, para conseguir uno de estos cargos debe certificarse el haber finalizado una carrera universitaria en comunicación, títulos que también garanticen el perfecto dominio del idioma inglés y cierta experiencia verificable. Esta última verificación, los contratantes generalmente la realizan de la manera más moderna: realizando una búsqueda del nombre del aspirante en Google y las redes sociales, puesto que desconfían de las clásicas cartas de recomendación, por más que esta provenga de un medio grande de occidente, para ellos es lo mismo Diario Clarín que un diario de  barrio, para ser más gráfico . El mismo cargo, pero esta vez ocupado por un local -Los nacidos en el país ofertante-, que en general son estudiantes de la carera y sin un fluido manejo del inglés, tiene un salario de entre 7 y hasta 8.500 dólares, más vehículo proporcionado por la empresa y alojamiento (ítems que, en general, no utilizan por contar con autos y casas propias o de sus familias).     

 

Puestos ya en Qatar, esta diferencia se acrecienta, es el país que cuenta con el PBI per cápita más grande del planeta pero que, a la vez, ofrece las remuneraciones más bajas para los trabajadores extranjeros, sobre todo para los de oficios menos profesionalizados. Esta gran generación de ganancias es distribuida mayoritariamente entre los residentes nacidos en el emirato, que conforman solo el 20% de una población de alrededor de 2 millones de personas, aunque este número sea bastante inestable debido a la migración permanente.

 

En el área de la construcción, es obvio entender que el total de las tareas básicas está asignada a los extranjeros, en su mayoría procedentes de Nepal, aunque también con afluencia desde Pakistán, India, Filipinas e Indonesia. El sistema de contratación es siniestro y engañoso, agencias intermediarias publican avisos, en general en las redes sociales, mediante los cuales captan a los candidatos ofreciendo salarios de 400-500 dólares más un alojamiento decente por ocho horas de trabajo, cinco días a la semana y con un mes de vacaciones al año. 400 dólares para un nepalí, teniendo en cuenta la precaria situación de su país -por no ser tan literal y llamar "hambre" a esa precariedad- puede significar que ese desarraigo permita aportar para que su familia cubra las necesidades básicas. No está de más aclarar que casi ninguna de las ofertas de trabajo en el Golfo Árabe incluyen el traslado de la familia del postulante. En general, cuando uno se muda al Golfo, es para vivir solo, el altísimo costo de vida es el que impone esas condiciones. 

 

Pero, hasta ahí, estaríamos viendo a estas ofertas laborales como una solución. Los problemas comienzan cuando el postulante contacta a la agencia y esta le requiere una comisión por adelantado más el envío del dinero para la compra de un vuelo, que será a cargo del postulante y siempre de ida, solo de ida. Ya explicaremos enseguida por qué. 

 

Este adelanto siempre es de unos 600 a 1.000 dólares y el candidato, en general un hombre desesperado por conseguir un trabajo y sin medios, se endeuda con préstamos e intereses sacando una cuenta bastante sencilla: "Si voy a ganar 500 dólares, de a poco puedo devolver los 1.000 que tomé prestados sin problemas". 

 

Pero todas la especulaciones previas, acaban al llegar a Qatar, en el aeropuerto los espera un transporte compartido que los lleva directo al lugar de trabajo, allí firman un contrato redactado en inglés que no pueden leer por desconocimiento del idioma y del que no reciben copia. El pasaporte les es inmediatamente retenido y se enteran que el salario real promedio de un operario es alrededor de 165 dólares al mes, que trabajarán de 12 a 13 horas seis días a la semana sin descansos, que viajarán en deterioradas combis sin aire acondicionado, sin cubiertas en condiciones o cinturones de seguridad y que vivirán en alojamientos precarios situados en el medio del desierto, asentamientos creados para la ocasión.

 

Estos alojamientos no son más que pequeñas habitaciones en edificios livianos instalados de a centenares para la ocasión, todos en las afueras de Doha. Las comparten entre 12 a 14 trabajadores en cada una, sin aire acondicionado ni espacio donde guardar sus pertenencias, compartiendo baño y cocina. Sin agua potable y con un sistema eléctrico por generadores también precario e inestable. Hasta esos complejos de habitaciones fui algunas veces en 2014 y 2015 para realizar entrevistas con los trabajadores y, para que ustedes puedan graficar en sus mentes lo que se ve al llegar, lo más similar son los campos de concentración que solemos ver en las películas sobre el nazismo. De lo más parecido a la esclavitud. Daba esa desoladora sensación, que uno estaba tratando con esclavos. 

 

La última vez que estuve, mientras charlaba en una de las habitaciones con trabajadores pakistaníes, recibí la visita de dos policías qataríes vestidos de civil que me invitaron "amablemente" a dejar, no solo el complejo, sino también el país, cuestión de la que se aseguraron al punto de acompañarme hasta el aeropuerto y no perderme de vista hasta que crucé la oficina de migraciones. Claro, yo soy residente del vecino Emiratos Árabes y esto me sirvió para no correr la misma suerte que el colega Mark Lobel y su camarógrafo de la BBC de Londres, que fueron detenidos en la misma situación y sometidos a un interrogatorio de todo menos amistoso, que debieron resignar lo filmado y que pasaron algunos días en la cárcel. La misma BBC emitió un comunicado poco después de la liberación de los periodistas: "Estamos muy satisfechos de que el equipo de la BBC ha sido liberado, pero deploramos el hecho de que fue detenido en primer lugar. Su presencia en Qatar no era un secreto y estaban involucrados en una tarea de periodismo perfectamente adecuada. Las autoridades de Qatar han hecho una serie de acusaciones contradictorias para justificar la detención, cosa que el equipo rechaza. Estamos presionando a las autoridades de Qatar para que den una explicación completa y para la devolución de los equipos confiscados".  Aunque esto no evitó que, más tarde, otros periodistas y activistas, entre ellos un equipo de la televisión alemana, corrieran la misma suerte. 

 

La suerte de los trabajadores extranjeros que desarrollan las tareas de construcción de los estadios para el Mundial Qatar 2022 está en manos del azar o de Dios, según la fe de quién esto lea, a las escasas medidas de seguridad que provocan permanentes accidentes por caídas desde altura o derrumbes,  se suma el calor veraniego, trabajan 12-13 horas sin parar bajo el sol, con un promedio de 48-50 grados de sensación térmica, algunos de ellos deciden ni siquiera tomar agua porque "sudar es peor". Esta ignorancia sin asistencia ha provocado muchas de las ya 1.200 muertes (Según cifras oficiales y contabilizando hasta 2016). Se estima que para el inicio del Mundial, el número de trabajadores fallecidos rondará los 4.000. Reitero, esto es según cifras oficiales, la cantidad real es incomprobable y muchas familias de trabajadores ya han realizado, desde sus países de origen, presentaciones reclamando por familiares desaparecidos. Los cadáveres son devueltos a sus domicilios en cajas precarias y sin ningún tipo de asistencia para sus familias.    

 

Las causas de muerte son de lo más variadas y siempre crueles, a las caídas o la deshidratación, se suman la electrocución, ya que los trabajadores maniobran con alto voltaje sin poseer conocimientos previos sobre el tema, los suicidios o, sencillamente, el hambre. Los trabajadores envían el grueso de sus salarios a sus familias y con lo que queda se come lo que se puede, o no se come. 

 

En el caso de trabajadores que sufren enfermedades o lesiones graves que deriven en alguna incapacidad crónica, son enviados de vuelta a sus países sin percibir nada más allá de sus días trabajados. No poseen sistema de salud o previsional alguno.  

 

Desde 2011, la CSI (Confederación Sindical Internacional) trabaja en la investigación y denuncia de estas condiciones laborales, la secretaria general de esta entidad, Sharan Burrow, resume la situación con esta frase: "Qatar ha gastado billones de dólares con el fin de obtener favores políticos hacia su candidatura y mostrar una cara bonita que oculte la realidad, que es una economía de esclavitud moderna". Para hacer pública esta investigación han creado un documento en inglés de unas 30 páginas, llamado "The case against Qatar" (El caso contra Qatar), que se actualiza periódicamente y que cuenta con detalles técnicos, legales, fotos y testimonios de trabajadores, este documento se puede leer y descargar desde este mismo sitio. LINK A THE CASE AGAINST QATAR 

 

 

 

EL KEFALA

 

El sistema Kefala es un método de patrocinio mediante el cual el contratante retiene el pasaporte del empleado desde el momento mismo de su llegada y no lo reintegra hasta que se produce la desvinculación del trabajador. Esto produce la imposibilidad del trabajador de abandonar el país. Aún habiendo recuperado o reteniendo su pasaporte, un residente extranjero en Qatar no puede abandonar el país sin su "Keefal" (Kefala, en árabe), que es una autorización del empleador para traspasar la frontera. Es un sistema tan férreo y legitimado que ni siquiera las organizaciones sindicales internacionales u organismos de derechos humanos consiguen destrabar casos de trabajadores retenidos por el Kefala. Este sistema rige en casi todo el Golfo Árabe, aunque algunos países, como Emiratos Árabes han comenzado a disminuir sus efectos y solo se aplica en determinados casos, Bahrein, por su lado, ya lo ha abolido por completo. En Qatar sigue vigente y se aplica a la mayoría de los residentes extranjeros. A continuación repasaremos dos casos directamente relacionados con el fútbol en los que el Sistema Kefala produjo daños irreparables. 

 

ABDESLAM OUADDOU: Ouaddou es un ex futbolista marroquí que jugó 68 partidos con su selección. En 2012, el Qatar SC, el club en el que jugaba, dejó de abonarle su salario durante seis meses y, cuando Abdeslam reclamó  ante FIFA, los dirigentes del club le retiraron su Keefal (permiso de salida del país) y debió intervenir FIFPro -Federación Internacional de Futbolistas Profesionales- para que Abdeslam consiguiera abandonar el país en noviembre. El mismo Ouaddou contó su calvario durante una entrevista concedida a la revista Kaiser Magazine en 2015.

- ¿Que pasó cuándo llegaste al Qatar SC?

- Yo había jugado antes en el Lekhwiya sin problemas, pero de pronto decidieron enviarme al Qatar SC y, nada más llegar, los directivos me dijeron que iban a cancelar un año de mi contrato a cambio de un mes de salario. Yo me negué y ellos empezaron a realizar algunas cosas antideportivas, me dejaron sin salario, confiscaron el coche para que no fuera a los entrenamientos y para así tener la ocasión de echarme la culpa para poder rescindir el contrato sin indemnizaciones, cortaron la electricidad de mi casa y me llevaban a entrenar solo, dos veces a al día, con 50 grados de calor.  

- Has dicho que en Qatar fuiste tratado como un esclavo, ¿Es este un accionar general del país?

- Ellos centran su imagen en los preparativos de la Copa del Mundo pero yo sé que la gente todavía está atrapada en Qatar y con la prohibición de salir del país. Esto atenta contra los derechos humanos. 

- ¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta un trabajador en Qatar?

- La situación de los trabajadores es un escándalo humanitario y las grandes potencias occidentales condenan lo que sucede, los trabajadores no tienen derechos, trabajan durante largas horas por una miseria, no tienen seguro de salud ni seguridad en los lugares de trabajo. Se les confiscan sus pasaportes, duermen hacinados en habitaciones de 30 personas. El mundo del deporte debe decir basta a esta farsa. Nosotros no podemos tolerar la esclavitud de un país y los muertos en los estadios. Nosotros tenemos unos unos futbolistas con ética, entonces si la moralidad de Qatar no cambia para proteger la legislación de los trabajadores y no se va a abolir el Kefala, será el Mundial de la verguenza, de la esclavitud y del incumplimiento de los derechos humanos. ¿Dónde está el Informe Garcia o el testimonio de Phaedra Al Majid? No se respetan los derechos humanos ni de los trabajadores, las mujeres son violadas en sus lugares de trabajo. Es esclavitud.   

- Sabemos que tus acusaciones hicieron mella en Qatar. ¿Llegaste a recibir amenazas?

- Sí, sobre todo al principio, aunque ahora menos. Informo a la policía cada vez que me pasa alguna de estas cosas. 

 

Ouaddou es uno de los principales  impulsores de la campaña Rerunthevote (Repetir la votación), mediante la cual se pretende que la Copa 2022 sea reasignada a un país que respete los derechos de los trabajadores hombres y mujeres. Intentan sensibilizar a la FIFA para que se realice una nueva elección y gestionan con la dirigencia internacional un boicot que colabore en ese sentido. Estas son algunas de los conclusiones que motivan la campaña.  

 

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ZAHIR BELOUNIS: Peor suerte que Ouaddou corrió el francés, de ascendencia argelina, Zahir Belounis. Llegó en 2007 a Qatar para jugar en Al Jaish y estuvo sin problemas hasta 2011 cuando dejó de ser importante para su equipo. En el inicio de la temporada 2011-12 comenzaron a recortarle el salario hasta apenas entregarle mínimas cantidades de dinero. Tras su reclamo llegaría otro calvario. Belounis permaneció durante 18 meses en Doha sin poder abandonar el país debido a que los directivos le retiraron su Kefala, llegó a explicar que su familia estaba pasando hambre en Francia y escribió cartas abiertas al presidente Hollande, a Zidane y a Guardiola pidiendo socorro. Logró la liberación gracias a la presión de grupos de derechos humanos y la gente en las redes sociales. Llegó a pensar en el suicidio y estuvo tan enfermo que, al regresar a Paris, ya no pudo seguir jugando y hoy es mesero en un restaurant.  

 

Algunos recuerdos de Belounis en charla con la CNN: "No puedo olvidar lo que pasó, mi cabeza todavía está en Doha. Nunca hice nada malo pero mi vida estaba arruinada y ¿Para qué?, quizá todavía no caigo en la seriedad de lo que logré al salir y poder contar mi historia. Hay mucha gente todavía atrapada allá".  

 

Fouzia, la mamá de Zahir, cuenta: "Como madre, no hay nada peor que oír a tu hijo gritar pidiendo ayuda, llorando al teléfono, en televisión, en la radio. Por supuesto estaba consciente de que Zahir no estaba capturado por algún grupo terrorista, pero sentía eso todos los días. Lo peor fue el artículo que leí en un diario qatarí en el que decían que mi hijo era un suicida, eso me persigue hasta el día de hoy". 

 

Su hermano Mahdi subió a Twitter una foto del momento del reencuentro y contó al respecto de esa noche: "Cuando llegó a París, Zahir era como un animal traumado, aterrado por todo. Era imposible hacer que sonriera".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El propio Zahir repasa así los momentos posteriores al reencuentro: "Recuerdo esa noche, estaba solo en el baño y pensaba ´Regresé a la casa de mi mamá como un niño´. Tenía a mi esposa y a mis hijas y aquí estaba, de vuelta en casa. Era un adulto forzado a gatear para volver a los brazos de mi madre, fue vergonzoso".

 

Incapaz de readaptarse a París, Belounis se trasladó a Málaga para empezar ahí una nueva vida trabajando como mozo en el bar de un amigo.  

 

Al día de hoy, la CSI sigue presionando a Qatar para que derogue el Sistema Kefala y así mejorar las condiciones de los trabajadores, han informado que se avanzó en este sentido aunque, en la práctica, el sistema sigue funcionando.  

 

 

 

EL BLOQUEO

 

En 1981, seis países que formaban parte del Golfo Pérsico rompieron relaciones con vecinos y socios como Irán e Irak y formaron el GCC (Consejo de Cooperación del Golfo), que dio lugar a una nueva denominación para la región, lo que hoy se conoce como Golfo Árabe y que conforman Arabia Saudita como líder por poder y extensión territorial de la zona más Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrein, Omán y Kuwait. Lo cierto es que este nuevo escenario de ruptura con los iraníes, los persas "vecinos de enfrente" en el Golfo, fue más profunda para unos que para otros, mientras Saudi mantuvo siempre esa eterna disputa por la hegemonía en la región y que genera permanentes conflictos menores y amenazas mayores y mientras Emiratos Árabes llegó a estar al límite de un enfrentamiento bélico a finales de la década del 2000 por la disputa de la soberanía sobre las islas Abu Musa, Greater Tunb y Lesser Tunb, por el lado de Qatar siempre hubo un histeriqueo en las sombras con los iraníes, basado en que al ser el país más cercano en distancia e ideales siempre mantuvieron un lazo que debía ser lo más discreto posible. Ya que se suponía que los acuerdos económicos o comerciales entre el GCC e Irán estaban legalmente prohibidos. 

 

Pero estas sospechas fueron in crescendo hasta transformarse en una investigación que depararía un resultado sorprendente. El 5 de junio de 2017, casualmente, o causalmente, unos días después de la resonante visita de Donald Trump a Arabia Saudita, tres miembros del GCC -Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Bahrein- ponían en estado de shock al mundo entero al anunciar un bloqueo comercial, social, diplomático y de transporte con el vecino Qatar. A estos países se sumaron en la declaración Libia, Maldivas y el también poderoso regional Egipto.

 

Los motivos no podían ser más tenebrosos, el grupo acusaba a Qatar de ser socio de Irán y los Hermanos Musulmanes (La rama ultra-islamista más radicalizada de la clase política egipcia) en la financiación de Al Qaeda y el Estado Islámico (ISIS),  instalados especialmente en Irak y Siria y, además, de interferir con la polít