Emiratos Arabes Unidos

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LOS 100. Podio

Omnipresente, fantasmal y sabelotodo. Después de revisar cientos de descripciones técnicas de Alfredo Stéfano Di Stéfano, ver el puñado de partidos disponibles y revisar highlight tras highlight en plataformas de vídeo; Esas son las tres palabras que se me ocurrieron para resumir las cualidades de un futbolista que marcó la historia de tres países durante 20 años.

Un futbolista que, negativas de Argentina a participar de los Mundiales 50 y 54 mediante, se quedó con las ganas disputar una Copa del Mundo.  

Omnipresente. Para partir como falso 9 y, desde ahí, caer en cualquier zona de la cancha, sobre todo del medio hacia adelante. La Saeta Rubia podía ser cinco, interno derecho u izquierdo, enganche, extremo y centrodelantero implacable; todo en un mismo partido y a su ritmo, porque los partidos se jugaban al ritmo que Alfredo decidiera. 

Fantasmal. Para estar donde ningún rival lo esperase en el momento justo, citamos a Bobby Charlton; "¿Quién es ese hombre? Donde quiera que esté en el campo, está en posición de tomar el balón. Puedes ver su influencia en todo lo que sucede". Y era esa inluencia que menciona Charlton, la que hacía mejores a sus compañeros, Muchos de ellos, caso Rial, Puskas, Kopa o Gento, afirman que consiguieron sus logros gracias a coexistir en el mismo equipo de Di Stéfano.  

Sabelotodo. Porque al compás de caer en cualquier zona del campo con la facilidad del intelectual que analiza y consigue determinar por que zona del campo convenía posicionarse, Alfredo explotaba esa ubicuidad cuando conseguía la pelota, incluso colaborando en la recuperación, desde donde estuviese rompía lineas con una gambeta, un pase profundo o una combinación, todo hasta terminar siempre en el área y definir con sublime categoría.

De todo este ránking, acaso Alfredo Di Stéfano sea el número uno en cuanto a comprensión del juego se refiere. Aunque, para muchos especialistas, es simplemente el número uno en todo sentido.     

Debutó en River a los 19 años, tras un breve préstamo a Huracán, volvió para ser dos veces campeón argentino y, tras la sangría provocada por la huelga del 48, pasar a comandar la Era Dorada del fútbol colombiano, jugando en Millonarios de Bogotá por tres años y medio durante los que sumó otros cuatro títulos. 

Barcelona y Real Madrid se sumieron en una polémica disputa por su transferencia, el poder político de la Casa Blanca ganó la pulseada y Alfredo, que había hasta llegado a entrenar vestido de Blaugrana, terminó en el Real durante once años, ganó nueve títulos españoles y ocho internacionales, incluyendo cinco Copas de Europa, la antigua Champions League, marcando goles en las cinco finales ganadas. 

Concluyó su carrera jugando algunos partidos en el Espanyol de, paradojas aparte, Barcelona.

Solo jugó seis partidos con la Selección Argentina, fueron por el Sudamericano ganado en 1947 y en el que anotó seis goles. También jugó para la Seleccíon de España.

Alfredo Di Stéfano, considerado por muchos el mejor jugador de todos los tiempos, no participó de ningún Mundial.

Su plenitud futbolística coincidió con cuatro Mundiales, 50, 54, 58 y 62. ¿Qué se diría hoy de Di Stéfano si el fútbol argentino hubiese estado debidamente organizado y contado con él durante esos torneos? ¿Que se diría hoy de Di Stéfano si Argentina hubiera ganado alguno o varios de esos Mundiales?

Son preguntas que el fútbol y los vaivenes de la historia dejan para siempre en el terreno de lo hipotético.  

   

EN ESTADO DE GRACIA

 

Demasiados momentos en su carrera como para quedarse con uno pero, ya que el partido está disponible en la red (altamente recomendable revisarlo), elegimos la final de la Copa de Europa de 1960, en Hampden Park. Real Madrid batió al Eintracht Frankfurt por 7-3. La Saeta Rubia brindó una exhibición, anotó tres goles y en este espacio, arbitrariamente y sin los elementos necesarios a disposición, lo elegimos como el mejor partido de su carrera. 

 

"No escriban sobre él, no traten de describirlo, solo mírenlo", dijo alguna vez Guardiola y acá vamos a contradecir a Pep y tratar de respondernos algunas preguntas sobre un genio único e irrepetible.

Hemos llegado a este podio tras preseleccionar a más de 250 futbolistas, quedarnos con 100 y ya pasar por 98. La primera conclusión es que, entre todos ellos, solo hay dos genios. El orden final, las medallas de oro y plata de este ránking, dependerán de conclusiones desordenadas y contradictorias, de limitaciones generacionales en tiempo y espacio, de imposiciones emocionales y sentimentales. Cabe aclarar que quien esto suscribe es contemporáneo del debut profesional de ambos contendientes en este sprint final.

Dentro de 50 o 100 años, más de un joven fanático de este deporte, revisará en alguna plataforma futurista los números de Lionel Andrés Messi y exclamará con ímpetu de conclusión reveladora: "¡Claro! En el fútbol de antes era más fácil, todo era más lento, los defensores eran peores y las reglas lo ayudaban...", y otras "precisiones" por el estilo, como las que acostumbramos leer y escuchar hoy con respecto, e irrespeto, a otros cracks del pasado.  

Desde donde estemos los que ya no estemos, esbozaremos una sonrisa sarcástica y agradeceremos haber sido contemporáneos en tiempo, y a veces en espacio, con Lionel Messi.

Repasar sus números de goles, asistencias o dribblings; recordar que va en camino a romper con todos los récord estadísticos inventados y por inventar, sería redundar en lo que se puede hallar en tantas publicaciones especializas y soslayar el aspecto básico que lo pinta de cuerpo entero: Messi rompió en pedazos la historia de unos de los clubes más poderosos del mundo, un club que tranquilamente podría cambiar su nombre a FC MESSI y pocos lo objetarían y es un mojón de referencia ineludible en la historia del fútbol global.

Messi alcanzó la cima y en la cima se mantiene tras 15 años de carrera.

¿Números? Hagámoslo sencillo, suele decirse, cuando se habla de un goleador: "Ese hizo como mil goles". Bueno, Messi ya metió cerca de mil y va en camino a superarlos ampliamente. ¿Asistencias? Lleva más de 300 y algún día se contará como asistencia a los pases gol que el compañero de ocasión se encarga de que no termine en gol, sería justo, y ese número de Leo crecería también hasta límites insospechados. ¿Gambetas efectivas? Anda y tú a saber, dirían los españoles. 

¿Títulos? De cuna leprosa, Leo va en camino a convertirse en el One Man Club por excelencia en la historia de este juego, con el Barcelona ya consiguió 24 títulos locales, 10 internacionales -incluidas 4 Champions League- y es un número que seguirá engordando.

Es el máximo goleador de la historia de la Selección Argentina, sigue jugando y convertirá ese número en casi insuperable. Ganó un Mundial Sub-20 y una Medalla de Oro Olímpica. Ha jugado cuatro Copas América y cuatro Mundiales, fue subcampeón mundial en Brasil 2014.    

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

Toda su carrera es casi un permanente estado de gracia. Su clímax fue durante la Era Guardiola en Barcelona y el torneo que elegimos marcar con un asterisco es la UEFA Champions League 2010-11, con un Messi en su máximo esplendor durante toda la competencia y convertido en la figura de un partido inolvidable, la final jugada el 28 de mayo de 2011 en Wembley, ante el Manchester United.  

 

Todos hemos estado en presencia de viejos maestros o familiares que se desvivían por explicar las capacidades de los futbolistas de su era. Les hemos visto brillar los ojos, temblar las manos y suspirar agitados de tanto soltar palabras de alabanza. Muchas veces hemos sido incrédulos, otras cómplices, otras tomamos nota y dejamos la puerta abierta a una investigación postrera. Este ránking es resultado de aquella puerta abierta.   Y no es casual que este ránking lo inicie el Trinche Carlovich y lo cierre Diego Maradona. Como todo en el fútbol, casi nada es casualidad.

Arrancamos ahora con la descripción técnica de Diego Armando Maradona para descubrir, apenas cinco o seis palabras después, que no tiene sentido. Sobre todo cuando uno se propone hablar del Maradona de Argentinos Juniors, ése que en este mismo espacio ya hemos sostenido que fue el mejor de los tantos Maradonas que vendrían en su carrera,

Y el primer sentimiento que genera este atisbo de descripción es impotencia. Impotencia de no sentirse capacitado para juntar las palabras necesarias con el fin de ser certero. Impotencia por no haber descubierto, no hasta ahora, a nadie que haya logrado ser eficiente en esa descripción.

El Maradona de Argentinos Juniors era un ángel jugando a la pelota. Ese que todavía conserva el récord de ser goleador de cinco torneos diferentes en Argentina (todo en un equipo chico, que vivía de gira para exhibirlo y antes de los 20 años de edad). Flotaba en canchas que eran pantanos y ante patadas inhumanas casi sin sanción de los árbitros permisivos de antaño. 

¿Cómo explicar la biomecánica de un futbolista que conseguía las mismas proezas técnicas en los escenarios más hostiles?

No hay forma, bastaba con alcanzarle una pelota y observarlo diez segundos para entender que algo ahí era inexplicable. La forma de ubicar el pie, de mover el cuerpo, de manejar el tiempo... 

Ninguno de los futbolistas que compiten con Maradona en los ránkings como mejor del mundo histórico debió soportar una triple fractura de tobillo a los 22 años y volver a ponerse de pie para cambiar y superarse. 

Debió cambiar la forma de calzarse el botín, de apoyar el pie fracturado y el pie de apoyo, de mover la cintura y hasta, según explica Fernando Signorini, hasta de posicionar la cabeza.

Ese cambio vino acompañado de otro más notorio, el físico, un Maradona más grueso en su tren inferior que ya no flotaba, ya no eludía los rivales con la misma gracia y velocidad. Ahora los topaba y también se imponía por fuerza, si antes de la lesión los ridiculizaba ahora los convertía en "estatuas de cemento".

Pero aún ante tanta alquimia técnica, Maradona no habría sido Maradona sin un segundo condimento que le permitiría ser un hombre que mejoraba a los hombres que lo rodeaban y limitaba mentalmente a quienes se le opusieran: La fortaleza mental, una personalidad que no conocía de imposibles. Una seguridad, no impuesta ni actuada, que lo hacía sentir que sus compañeros de ocasión eran los mejores de todos los futbolistas.

Quienes hayan compartido una cancha con Diego Maradona pueden dar fe de esto. Así fuere en un Mundial, una liga profesional, un amistoso, un partido de barrio o una plaza. No solo el compañero sentía que era mejor al jugar con Maradona. Maradona confiaba en esa capacidad ajena que convertía en energía a su favor, aún sin proponérselo, aún sin tomar conciencia de este don.          

Con solo 30 años llegó el anteúltimo de los Maradonas. El Maradona al que los otros mil Maradonas que deambulaban por su vida personal limitaron hasta convertirlo en casi un ex jugador. 

El último Maradona llegó a rescatar a la Selección Argentina del calvario de Septiembre del 93. Era ya un Maradona otra vez heroico y otra vez efímero. Porque los héroes no conviven con uno, aparecen cuando se los necesita. 

 

Lleno de imprecisiones, obviedades e incapacidad para explicar lo sobrenatural; llega el final de esta descripción. Si alguien es capaz de explicar lo sobrenatural de la misma manera en que tantos fueron capaces de explicar con lujo de detalles los excesos en la vida personal de Diego Maradona,  que lance la primera piedra. 

Lo estaremos esperando.   

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

Hasta el mes de junio de 1986, ningún futbolista había conseguido, ni conseguiría después,  una preponderancia tan decisiva para guiar a su Selección a la conquista de una Copa del Mundo. Ese futbolista fue Diego Armando Maradona.

 

 

 

 

 

 

 

 

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November 15, 2019

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