Emiratos Arabes Unidos

©2018 por Rashid Garcia. Todos los derechos reservados

LOS 100. Puestos 30 al 21

El show al servicio de la eficacia, el espectáculo en favor del resultado. Hugo Orlando Gatti sentía al fútbol como un juego creado para divertir al público y así lo volcaba en sus actuaciones. Un jugador de fútbol que podía usar las manos, repite como autodefinición.  Siguiendo la huella marcada por su maestro Antonio Carrizo, Gatti evolucionó ese concepto del arquero que anticipaba los ataques rivales y se convirtió en un líbero de sus equipos, esperando siempre adelantado, tomando riesgos, bajando pelotas difíciles con una mano o con el pecho y arriesgando con la pelota en los pies, al punto de gambetear toda vez que lo considerara necesario.

El Loco se adelantó a la regla que ahora impide el pase de un compañero a su arquero y que este la tome con las manos, en general el Loco recibía y jugaba enseguida, en corto o en largo, a través de otras de sus más destacadas cualidades: La pegada de aire, soltaba la pelota de sus manos y le daba con el revés del pie derecho, el balón volaba bajo y terminaba en el pecho o pie de un compañero libre.

Bajo palos es donde evitaba tomar riesgos, intentaba controlar los disparos más por ubicación que realizando vuelos espectaculares que él consideraba innecesarios. Patentó "La de Dios", una jugada que lo identificaba plenamente, esperando arrodillado y abriendo sus brazos al delantero rival que lo enfrentaba mano a mano, cubriendo la geometría de su arco y consiguiendo achicar el ángulo al disparo del atacante. Conserva, todavía hoy, el récord de penales atajados en el fútbol argentino, compartido con Ubaldo Fillol.

Debutó en Atlanta, enseguida River puso sus ojos sobre este heredero de Carrizo y pasó cuatro años en Núñez antes de llegar a Gimnasia primero y Unión cinco años más tarde. La destacada campaña tatengue de 1975 le permitió, ya en su madurez, que el Toto Lorenzo lo elija para ser el arquero de un Boca que se avecinaba a dar el salto más grande de su historia hasta ese momento, con el Xeneize ganaría tres títulos locales, dos Libertadores y una Intercontinental. Jugó hasta su retiro, a los 44 años de edad. 

El Loco marcó un antes y un después en la historia de Boca, un antes y un después en la historia de los arqueros y un antes y un después en la historia del fútbol argentino todo.

Con la Selección Argentina jugó 18 partidos, su contemporaneidad con Fillol le impidió afirmarse como titular pero le alcanzó para ser parte del plantel que jugo el Mundial de Inglaterra y para dejar en las retinas una de las más estelares actuaciones de un arquero de la Selección Argentina. Fue el 20 de marzo de 1976, en Kiev y frente a la Unión Soviética, en una cancha absolutamente anegada por la nieve, el Loco Gatti sostuvo su valla en cero a partir de una sucesión de intervenciones magistrales. Argentina acabó ganando por uno a cero con un gol de Mario Kempes. 

 

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El 14 de septiembre de 1977, en el Estadio Centenario de Montevideo, Boca y Cruzeiro jugaban el partido desempate para definir al campeón de la Copa Libertadores. Fue 0-0 tras 120 minutos en los que sobresalió Hugo Orlando Gatti en una exhibición de sus recursos para el puesto y esa faena culminó atajando el penal decisivo de la serie a Vanderley y otorgando a Boca Juniors el primer título continental de su historia. 

 

 

Casi como una sombra del compañero que perdía la pelota, ahí aparecía Ardiles presto para el socorro, casi como una proyección del compañero que atacaba y se quedaba sin variantes, ahí aparecía Ardiles para apoyar. Omnipresente, todoterreno, el Pitón arrancaba los partidos como volante interno derecho pero rápidamente se desdoblaba para ser rueda de auxilio permanente, tanto en defensa como en ataque. Ágil de movimientos e inteligente para promover las transiciones, era el líder de la presión alta de sus equipos y relevo de todos cuando se necesitara equilibrar. Dúctil con la pelota en los pies, podía asistir y no se nublaba a la hora de pisar el área de enfrente y definir.

Tras los comienzos en su Córdoba natal, pasando por Instituto y Belgrano, jugó tres años en Huracán antes de dar el salto al que sería su lugar en el mundo, el Tottenham Hotspur, fueron cuatro los títulos que ganó con los Spurs, Copa UEFA incluida, en sus tres etapas en el club. Ossie, como lo bautizaron en Londres, ya había dejado su sello.

Jugó 65 partidos, incluyendo dos mundiales,  con la Selección Argentina y fue campeón mundial en 1978.

 

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El 9 de enero de 1980, el Tottenham Hotspur visitó al Machester United en Old Trafford en un duelo clave por FA Cup. Los Spurs eliminaron a los Red Devils ganando el partido por 1-0. Osvaldo César Ardiles jugó un partido del que todavía se habla en Londres y definió el duelo con un golazo espectacular.

 

Conocedor de todos y cada uno de los efectos que se le puede imprimir a una pelota de fútbol, tanto detenida como en movimiento, el Beto Alonso conseguía que el balón dibujara figuras geométricas a su antojo. Conductor y líder, también manejaba con total presencia los tiempos de sus equipos y de los partidos. Un enganche clásico que asistía y definía con esa categoría que solo portan los distinguidos.

Supo hacer del cabezazo ofensivo una de sus armas más letales y convirtió muchos goles por esa vía. Un futbolista fino, inteligente y preciso. Un toque de distinción en la historia del fútbol argentino.  

Es uno de los máximos ídolos de la historia de River Plate, club con el que ganó siete títulos locales, una Libertadores y una Intercontinental durante sus tres pasos por el club. Más allá de otras estadías cortas en Vélez y el Marsella, Alonso es River.

Jugó 16 partidos con la Selección Argentina y fue campeón mundial en 1978.

 

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El 6 de abril de 1986, River Plate llegó campeón a enfrentar a Boca Juniors en la Bombonera. El visitante ganó el partido por 2-0 y Norberto Osvaldo Alonso anotó los dos goles y fue la figura rutilante de ese partido que debió jugarse con una pelota naranja por el color blanco con el que los papelitos arrojados por las hinchadas habían teñido el campo de juego. 

 

Hemos intentado subrayar, al inicio de este ránking, el desprecio por las estadísticas que iba a existir a la hora de evaluar y describir las calidades de cada futbolista. Hay jugadores de diversas posiciones, que jugaron en ámbitos y contextos diferentes y con carreras de la más diversa extensión pero, ¿Cómo explicar a Carlos Bianchi sin hablar de números? Imposible, porque Bianchi fue, básicamente eso, un acaparador de números, un depredador serial de redes.

Tres veces goleador del torneo de primera división en Argentina, todas con Vélez Sarsfield -club del que es el máximo goleador histórico-, cinco veces goleador de la Ligue 1 francesa, tres con el Reims y dos con el PSG. Segundo máximo goleador argentino del mundo, en cuanto a torneos de primera división, solo superado por Lionel Messi en ese rubro. Bianchi convirtió más de 400 goles en menos de 600 partidos en primera.

¿Cómo convertía tantos goles? Como sea. Ambidiestro y animal de área, Bianchi definía sin problemas de perfil, implacable en el mano a mano con los arqueros y veloz como un rayo para el anticipo, tanto con los pies como con la cabeza. Acaso el mayor experto que haya tenido el fútbol argentino en materia de definición. 

Su camiseta es la de Vélez y con el Fortín fue campeón en 1968. 

Jugó 14 partidos y marcó 7 goles con la camiseta de la Selección Argentina.   

 

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Una de las especialidades de Carlos Bianchi era marcar tres goles o más en un partido, solo con Vélez lo consiguió en 16 ocasiones. Pero vale destacar la única vez que lo consiguió con la Selección Argentina, fue por la espectacular Copa de la Independencia que Brasil organizó en 1972. Casi un Mundial con 20 selecciones de todo el planeta. El triplete de Carlitos sucedió el 22 de junio en el Estadio Fonte Nova de Bahía, en un partido en el que Argentina venció por 4-1 a Colombia.  

 

Arquetipo del volante central moderno, con la dinámica y el desdoblamiento que la función reclama pero, además con una velocidad, habilidad y visión del juego inusuales para un jugador en su posición. El Cuchu fue un jugador argentino con estilo holandés, el fútbol total expresado en un solo jugador. Zurdo con una notable capacidad para el quite limpio y, desde su propio robo, generar juego ofensivo a través de combinaciones, gambeta y aceptables remate de media distancia y cabezazo. Cambiasso fue un dotado y como Cambiasso aún no ha vuelto a surgir desde Argentina otro mediocampista con sus características.

Producto de esa inagotable factoría de volantes centrales que es Argentinos Juniors y terminado de formar por Jose Pekerman en las selecciones juveniles argentinas, curiosamente nunca llegó a vestir la casa de los Bichos de La Paternal en primera división. Con solo 16 años se lo llevó el Real Madrid que lo cedió a préstamo a Independiente primero y a River Plate más tarde. Con los millonarios estuvo solo un año pero le bastó para ganar el Torneo Clausura 2002 antes de integrarse al equipo superior de la Casa Blanca, con el Madrid ganó cuatro títulos pero nunca se sintió tan importante como si lo haría en sus diez años con la casa del Internazionale de MIlan, club del cual es uno de sus símbolos tras haber conseguido trece títulos locales, una Champions League y un Mundial de Clubes.

Fue campeón mundial sub-17. campeón mundial sub-20 y jugó dos Copas América y un Mundial con la Selección Argentina.

 

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El 16 de junio de 2006, en Gelsenkirchen, la Selección Argentina construyó el gol procedente de la jugada colectiva más bella de su historia en los mundiales. Fue una jugada en la que hubo 25 toques sin que el rival, Serbia y Monetenegro, consiguiera interceptar el circuito. El Cuchu Cambiasso tocó cuatro de esas pelotas como eje del movimiento de distracción y cambio de ritmo hasta que él mismo la terminó tras una pared final con Crespo y zurdazo alto. Esa jugada fue, en sí misma, una síntesis de como sentía y jugaba al fútbol Esteban Matías Cambiasso  

 

Caudillo absoluto de la mitad de la cancha. Tenaz y perseverante para perseguir rivales sin descanso hasta recuperar la pelota. Criterioso para la conducción y sobrio en el pase, Rattín fue el prototipo del volante central aguerrido. Imponía presencia desde su metro noventa y su coraje para hacer frente a cualquier circunstancia y en cualquier cancha. Rudo, de pierna fuerte y corazón caliente pero para nada negado a la hora de participar en un circuito ofensivo, al punto de que convirtió cerca de 30 goles en su carrera.

El Rata es símbolo boquense y en Boca desarrolló toda su carrera, desde 1956, año de su debut, hasta 1970, año en que las lesiones le impidieron continuar con su carrera con solo 33 años de edad. Fueron cinco los títulos conseguidos con la camiseta azul y amarilla.

Jugó dos Copas América y dos Mundiales con la camiseta de la Selección Argentina. 

 

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El 23 de julio de 1956, en Wembley, Inglaterra recibía a Argentina en el marco de los cuartos de final de su mundial. Era un partido equilibrado hasta que, a los 35 minutos, el árbitro alemán Rudolph Kreitlein decide expulsar a Antonio Ubaldo Rattín porque "Me miró con mala intención", según informó el propio juez.

Tras una larga discusión y en medio de los gritos de "¡Animals, animals!"  que los espectadores ingleses dedicaban a los futbolistas argentinos. El Rata Rattín decidió abandonar el campo de juego lentamente, de cara a la tribuna y caminando sobre la alfombra roja exclusivamente dedicada a la Reina de Inglaterra. Al llegar cerca de la puerta del vestuario, divisó el banderín del córner diseñado con los colores de la bandera inglesa y se detuvo a presionarlo y estrujarlo hasta que decidió abandonar la cancha.

Inglaterra terminó eliminando a Argentina por 1-0. "Con Rattín en cancha era un partido, sin Rattín fue una parodia de fútbol", tituló El Gráfico. 

 

Se quedó calvo a los 26 años, de ahí surgió el apodo "Bocha" y él no se explica el porqué de esa repentina alopecia. Quienes siguieron su carrera tienen una interpretación más poética, fue porque Humberto Dionisio Maschio tenía una pelota en lugar de cabeza. De inicio electrizante, como electrizantes en sus piques cortos, gambetas impredecibles y goles de todo tipo;  formó el implacable "trío de la muerte" junto a Sívori y Angelillo en la Selección Argentina, con ellos jugó un puñado de partidos, casi todos ganados a base de baile y goles. Pero, con el paso de los años, Maschio se convirtió en un estratega de esos que dominan los ritmos por sola presencia. De pases firmes y asombrosa capacidad para los cambios de frente, el Bocha fue quien decidía por donde, como y cuando atacaban sus equipos. En general arrancaba del medio y ligeramente volcado a la izquierda favor de su perfil diestro, pero terminaba siempre cerca del área rival para asistir o definir por sí mismo. Fue, además, un eximio cabeceador.

Debutó en Racing y en solo tres años emigró a Italia, pasó por el Bologna, Atalanta, Inter -con el que ganó el Scudetto- y la Fiorentina. Sobre el final de su carrera, más estratega que nunca, volvió a La Academia para ganar título local, Libertadores e Intercontinental con El Equipo de José.  

Formó parte de los Ángeles Carasucias que ganaron brillantemente el Sudamericano de Lima. Llevaba 12 goles convertidos en 12 partidos con Argentina hasta que una absurda decisión de AFA, no convocar a los futbolistas del exterior, lo privó de jugar el Mundial de Suecia, igual que a Angelillo y Sívori. Decisión que derivó en una actuación catastrófica y en que Maschio optara por jugar el Mundial de Chile con la Selección Italiana.

 

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El 20 de marzo de 1957, Argentina jugaba un partido clave por el Sudamericano del 57 ante Uruguay, en el Estadio Nacional de Lima. Maschio fue el titiritero que movió los hilos del ataque argentino, jugó su mejor partido internacional y convirtió dos goles. . 

 

Contra viento y marea. Así se llamaba el equipo de barrio que Herminio Masantonio formó tras su retiro y que, obviamente, usaba la camiseta de Huracán. Contra viento y marea tuvo que avanzar Herminio a través de una dura infancia en Ensenada que lo alejó del fútbol en su primera juventud y lo acercó al trabajo de albañil, primero, y al boxeo después. Contra viento y marea luchó hasta ganarse un lugar en la primera de Huracán a fuerza de guapeza, potencia física, fortaleza mental y goles, muchos goles. Contra viento y marea superó ciertas dificultades técnicas para suplirlas con intuición para ubicarse, decisión para la finta en los últimos metros y precisión para el remate final, como una suerte de antepasado futbolero de Martín Palermo.

Contra viento y marea se convirtió en ídolo del Globo de Parque Patricios, se ganó dos calles que llevan su nombre, un monumento en su honor, dos tangos, un muy recomendable libro de Néstor Vicente y una platea del Palacio Ducó que lleva su nombre.

Contra viento y marea creció hasta transfomarse en el tercer goleador de la historia del fútbol argentino, contra viento y marea todavía sostiene el mayor promedio de goles en la Selección Argentina, metió 21 en 19 partidos y es el único futbolista que consiguió meter más de uno por partido de media. Contra viento y marea ganó dos Sudamericanos con la Selección Argentina y fue máximo goleador de otros dos. 

Contra viento y marea luchó  contra una enfermedad que se lo llevó demasiado joven. Pero la muerte no le gana a las leyendas y hoy, el Ñato Masantonio, ya navega a favor de la corriente y con el viento acariciándole la espalda. 

   

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El 11 de noviembre de 1937, en cancha de Independiente y en el marco de la Copa Lipton. Argentina enfrenta a Uruguay y, apenas 23 segundos después de comenzar el partido, Herminio Masantonio convirtió el gol más rápido en la historia de la Selección Argentina. Fiel a su costumbre, no se conformó y ese día marcó otros dos goles que contribuyeron a la goleada final de 5 a 1 en favor de su equipo.   

 

"Tengo un pibe en inferiores que no sabés lo que es... arranca y deja parados a los defensores, ¡es el Hijo del Viennnnto!" , el ingenio y el inconfundible tono del Bambino Veira, por entonces DT de River, sirvieron para ser el segundo bautismo de Claudio Paul Caniggia. Más tarde llegarían "El Pájaro" y "El Bebé", patentado por Marcelo Araujo.

Pero Veira tenía varios pesos pesados en la primera división y no le encontraba sitio hasta que intercedió Carlos Bilardo para persuadir al entrenador de River: "¿Qué hacés que no ponés a ese pibe? ¡Ponelo que es un fenómeno!"

Bilardo veía su potencial pero Cani era todavía un clásico puntero derecho, con una velocidad anormal para un futbolista, pero al que su andar desgarbado y el apresuramiento para la toma de decisiones lo llevaban a perder pelotas fundamentales o chances claras frente al arco. Pero el Narigón se lo llevó pronto a la Selección y la mejoría de Caniggia fue vertiginosa. En lo físico, primero, fortaleció su tren superior y ya no volaba desparramado ante el mínimo roce; en lo táctico, para transformarse en delantero de todo el frente de ataque y elegir el sector por el que mejor podría explotar su velocidad aún dentro de un mismo partido; y en las decisiones, Caniggia comenzó a tomarse un segundo más antes de terminar cada jugada y se convirtió en un gran asistente al tiempo que incrementó su promedio de gol. 

Toda esta evolución se vio apoyada y fortalecida desde su rápida partida al fútbol europeo. 

Casi no nos hemos detenido en la carrera de Caniggia en clubes porque el Pájaro fue, ante todo y sobre todo, un jugador de selección. Jugó tres Copas América -ganó una- y tres Mundiales, fue subcampeón mundial en Italia 90.   

 

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Entre el 24 de junio y el 3 de julio de 1990, Claudio Paul Caniggia convirtió dos de los goles más relevantes de la historia del fútbol argentino. Sirvieron para que Agentina elimine a Brasil e Italia de un mismo Mundial, en ambos partidos Caniggia fue figura destacada y se ganó uno de los más altos peldaños en la escalera que lleva al cielo de la historia de la Selección Argentina.

 

 

Hace unos años, le pregunté a un colega con más sabiduría que años, y en ese momento tenía muchos, al respecto del Cabezón Sívori. La respuesta fue tan lacónica como generadora de otras incertidumbres porque se antojaba exagerada, pero yo confiaba en él y en su conocimiento: "Fue lo más parecido a Maradona que vi".

Años más tarde, ya cuando este periodista no ocupaba este plano, me llegaron, gracias a la Diosa Internet, varios partidos en los que Sívori tomaba parte y siempre con aquella respuesta repiqueteando en mi cabeza, me decidí a sentarme y ver qué tan cerca o qué tan exagerada había estado esa conclusión.

Y me encontré con un morocho bajito, como Diego. Piernas más bien morrudas, algo chuecas, medias bajas y lengüeta  de botines afuera, señas particulares que varias veces le hemos visto a Diego. Una zurda plagada de virtudes y movimientos de tobillo incomprensibles, para quitarse hombres de encima en una baldosa, con una pisada, un amague y salir con un pique corto fulminante hasta perfilarse bien de zurdo y definir casi siempre a colocar, muy de Diego todo eso. Misma facilidad para retroceder y conducir, con panorama para la asistencia larga u organizar el juego, como para meterse en el área y no fallar de cara al arco. 

Pero más me llamaron la atención ciertas cuestiones técnicas casi secundarias, la forma de correr, la forma de poner el cuerpo, de perfilarse, hasta de mover los brazos. Y sí, la verdad me iba sorprendiendo.

Me sorprendí como Sívori sorprendió al mundo desde su debut siendo un purrete de 17 años y reemplazando nada menos que a Ängel Labruna, y metiendo un gol en su primer partido. Como sorprendió al mundo en aquel tan citado equipo de Carasucias de la Selección Argentina que ganó el Sudamericano del 57. Como se sorpendieron los dirigentes de la Juventus, que se lo llevaron tras ese Sudamericano. Como se sorprendió toda Europa con los tres Scudettos logrados, las dos Copas de Italia, su logro personal como goleador de la Serie A de 1959 y el Balón de Oro ganado en 1961. Todo formando parte del recordado Trío Mágico junto a Giampiero Boniperti y el galés John Charles (Y sí, acá les hago un guiño cómplice para que tracemos juntos otra analogía con Maradona).

En fin, después de ver aquellos partidos y muchos highlights de Youtube del Cabezón Sívori, de lo primero que me convencí es de que fue un futbolista extraordinario, mágico, genial. 

Y volviendo a aquella repuesta del colega-amigo que ya no está, la verdad es que no me animo a disentir del todo, es más, él lo vio mucho y lo vio en en cancha, así que me atrevo a darle la derecha, mirar al cielo y decirle que sí, que otra vez tenía razón. 

 

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Durante el mes de marzo de 1957, se jugó el Campeonato Sudamericano -la antigua Copa América- en la ciudad de Lima, Argentina fue el brillante campeón contando en su plantel con jugadores como Maschio, Angelillo, Corbatta, Pipo Rossi, Pedro Dellacha o Sanfilippo. Pero el futbolista que sobresalió por encima del resto en aquella competencia y acabó siendo el más brillante jugador del campeonato fue el Cabezón Enrique Omar Sívori. 

En junio de 1961, la Juventus venció 9-1 al Inter. Ese día la Vecchia Signora aseguró otro Scudetto y ese día Sívori consiguió un récord: Marcó seis de los goles de la Juve.

 

 

 

 

 

 

 

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November 15, 2019

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