Emiratos Arabes Unidos

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LOS 100. Puestos 60 al 51

"Pienso en los años que llevas guerreando con un nombre por bandera", dice una canción de Los Héroes del Silencio que bien podría ser el título una crónica dedicada a Leopoldo Jacinto Luque en el preciso momento en que fue convocado para jugar el Mundial de Argentina.

Porque este centrodelantero, de movimientos forzados, por momentos tosco pero de una fe inquebrantable tuvo que sobreponerse a una carrera que no auguraba aquella gloria final en sus inicios. En Unión de Santa Fe, su primer club, problemas personales no le permitían hacer pie y fue cedido a préstamo, sucesivamente, a Gimnasia de Jujuy, Central Norte de Salta, Talleres de Jujuy, otra vez Central Norte, Rosario Central... Hasta que pudo afirmarse en aquel Unión de mediados de los 70 que se especializaba en nutrir de cracks maduros a River y a Boca.

Y en River se encontró con un equipazo que volvió a ser campeón tras 18 años de sequía, se encontró con Ángel Labruna como entrenador, se encontró con goles de todo tipo y se encontró con Luque, ese Luque que, a puro guerrear, se convirtió en leyenda.

Fue Campeón del Mundo en 1978, en medio del torneo sufrió una fractura de brazo y volvió para jugar hasta la final. En medio del torneo falleció su hermano en un accidente. Luque volvió para jugar hasta la final. 

 

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El 6 de junio de 1978, Argentina hacía su segunda presentación en su mundial ante Francia  en el Monumental. El partido se había complicado y estaba 1-1 hasta que, faltando un cuarto de hora para el cierre, Leopoldo Luque dejó picar una pelota fuera del área y la empalmó de volea para convertir uno de los goles más bellos de la historia de los mundiales de fútbol. 

 

El día que se escriba un manual de como definir frente al arco rival, debería ser Luis Artime el modelo fundamental de cada ejemplo gráfico, el área era su casa y se movía con la seguridad permanente de que iba a encontrarse con la pelota y que no tendría que esforzarse demasiado para enviarle a la red.

Un goleador serial, implacable, con cualquiera de sus piernas o de cabeza, armando el remate o anticipando como una flecha para acertar con un toque de primera.

Debutó en un gran Atlante y más tarde pasó por River, Independiente y Nacional de Montevideo y Palmeiras. Fue goleador de nueve torneos diferentes, nacionales e internacionales. Con el equipo uruguayo ganó la Copa Libertadores de 1971 -fue goleador del torneo-, Interamericana e Intercontinental.

Marcó 24 goles en 25 partidos con la camiseta de la Selección Argentina. Jugó el Mundial de Inglaterra y la Copa América del 67, competición en la que también terminó como máximo artillero.

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 13 de julio del 66, Argentina inauguró su paso por el Mundial de Inglaterra en el Villa Park de Birmingham. El rival fue España y obtuvo un triunfo vital para la clasificación de su grupo, venciendo por 2 a 1 con dos tantos de Luis Artime. 

 

Bestial, demoledor, imparable. Así era cada remate que partía desde la pierna derecha del Gringo Scotta. A la potencia de su remate le sumaba ubicación e inteligencia en el área para definir de cabeza o mano a mano. También era capaz de desbordar, casi siempre en base a fuerza, por derecha y enviar centros con precisión. Scotta fue el preámbulo genético futbolero de Gabriel Batistuta.

Se inició en Unión pero rápidamente se mudó a Boedo para descollar en San Lorenzo, club por el que tuvo tres pasos y consiguió igual número de títulos. Es ídolo del Sevilla de España y, a pesar de otros pasos fugaces por varios clubes, está plenamente identificado con esas dos camisetas.

Anotó cinco goles en sus siete partidos con la casaca argentina. 

 

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Durante el año 1975, Héctor Horacio Scotta marcó 60 goles en una temporada, superando los 47 de Arsenio Erico en 1937 y alcanzando un récord todavía imbatido en el fútbol argentino.. 

 

Dicen que todo gran puntero derecho está loco. Y el Loco le decían a este hábil, veloz, lagunero e irritable wing diestro que habitó, durante casi toda su carrera, la banda derecha del ataque de Independiente.

Se enojaba si no le pasaban la pelota y podía pasar hasta media hora sin volver a tocarla, distraído, enardecido hasta que, al fin, volvía a recibirla y se dedicaba a apilar rivales sin compasión, los gambeteaba de ida y los volvía a gambetear hasta que se cansaba y decidía enviar el centro preciso o rematar directamente al arco.

Ganó tres títulos locales y dos Libertadores con el Rojo de Avellaneda.

Jugó 15 partidos y anotó 4 goles con la camiseta de la Selección Argentina.

 

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En 1964, Independiente debió enfrentar tres veces al Santos de Pelé y le ganó los tres partidos. El primero, en febrero y en Avellaneda, fue un festival de Bernao, quién desbordó los 90 minutos y anotó un gol. El segundo fue en el Maracaná de Rio de Janeiro y fue otro show del Loco, de nuevo autor de un tanto, esos partidos de Raúl Emilio Bernao inspiraron al maestro de periodistas Osvaldo Ardizzone a bautizarlo con el apodo de "El Poeta de la Derecha".  

 


Amo y señor de las áreas rivales. Valdanito Crespo siempre, pero siempre, se tomaba el tiempo necesario, ganaba el segundo justo, para encontrar el resquicio que le permitiera convertir. Implacable cabeceador, por salto o por anticipo, Crespo también era capaz de retroceder para colaborar en la elaboración de juego de su equipo, eso sí, terminaba siempre dentro del área rival, acechando al arquero contrario, esa capacidad de manejo de los tiempos sumada a su ductilidad le permitieron, también, entregar muchas asistencias de gol.

River fue su casa en Argentina y con los Millonarios ganó la Copa Libertadores, segunda en la historia del club. Más tarde inició, en el Parma, una estelar carrera en Europa. Con el Parma ganó Copa de Liga y Copa UEFA tras una final ante el Marsella en la que fue la figura estelar y autor de un gol. Fue goleador de la Serie A con la Lazio en 2001. Pasó por el Inter y el Chelsea, clubes a los que años más tarde volvería y jugó la inolvidable final de Champions de Estambul, con el Milan frente al Liverpool, partido en el que anotó dos de los tres tantos de su equipo.

Jugó tres Mundiales con la camiseta de la Selección Argentina, es el cuarto goleador histórico de la Albiceleste y máximo goleador sudamericano de las eliminatorias mundialistas. 

 

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El 26 de junio de 1996, River Plate llega a la segunda final de la Copa Libertadores ante el América, tras haber perdido por 1 a 0 el partido de ida en Cali. 90 mil personas presenciaron como Hernán Jorge Crespo anotaba los dos goles que dieron vuelta la serie y le daban la Copa Libertadores a la institución de Núñez. 

 

Velocidad supersónica, habilidad en carrera y precisión en el remate, todo eso envuelto en un físico desgarbado y de movimientos heterodoxos son las características que destacan a este flaco rosarino que inició su vida futbolística en Rosario Central antes de iniciar una carrera ascendente y sin techo por las canchas del Viejo Continente. Tres títulos con el Benfica, seis con el Real Madrid, incluidos Champions League e Intercontinental y la friolera de trece, que seguramente serán más, campeonatos logrados con el PSG.

Campeón juvenil y olímpico con la Selección Argentina, cuatro Copas América y tres mundiales jugados con la albiceleste, fue subcampeón mundial en Brasil 2014..

 

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El 24 de mayo de 2014, el Fideo Di María fue la figura estelar de la final de Champions League que consagró al Real Madrid ante el Atlético de Madrid, partido que se disputó en el Estadio Da Luz de Lisboa y terminó con un 4-1 favorable a los merengues.

 

Cabeza levantada, ojos bien abiertos y remate siempre pegado al palo. Pero el Pelado Díaz no era solo un eximio goleador, se tiraba atrás y se sumaba a la organización de juego o era capaz de producir arranques fulminantes a pura gambeta y velocidad para terminar definiendo con precisión de cirujano.

La banda roja riverplatense sobre el pecho blanco son los colores que mejor lo identifican y con los que ganó cinco títulos en dos etapas. Pero también se cansó de romper redes en Europa, jugando sucesivamente en el Napoli, el Avellino, la Fiorentina, el Inter y el Mónaco. Con el Neroazzurro consiguió el Scudetto 88-89 superando al Napoli de Maradona.

Ganó el Mundial Sub-20 de Japón, torneo del que fue goleador y principal figura junto a Diego Maradona. Jugó el Mundial de España con la Selección Argentina..

 

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El 7 de septiembre de 1979 se jugó la final del Mundial Sub-20 en el Estadio Nacional de Tokio, se enfrentaban Argentina y la Unión Soviética. Con el partido 1-0, Ramón Ángel Díaz inició un slalom con su sello desde mitad de cancha, fue dejando rivales por el camino hasta definir cruzado ante la salida del arquero Viktor Chanov. Fue un gol brillante que abrió el camino hacia la victoria 3-1 del final. 

 

Un adelantado. Adelantado para jugar con los pies y animarse a gambetear a algún contrario, para recibir de un compañero y salir tocando aún cuando todavía el reglamento permitía tomar el balón con las manos, adelantado en salir a cortar centros complicados y bajarlos con una sola mano, adelantado para salir a achicar lejos de su arco y abortar el peligro rival desde antes que fuera peligro, adelantado en usar guantes. Adelantado hasta convertir en el primer referente inevitable cuando uno piensa en arqueros argentinos.  

Amadeo es River, tras debutar en 1945 y alternar en sus primeros tres años como profesional, fue el arquero titular de River durante la impensable cifra de 21 años consecutivos hasta transformarse en el futbolista con más partidos disputados en la historia del club, seis son las vueltas olímpicas que dio con la banda roja en el pecho.

El 12 de junio, fecha de su nacimiento, está oficialmente instituido en Argentina como el "Día del Arquero"

Con la Selección ganó la Copa de las Naciones del 64 y jugó el Mundial de Suecia. 

 

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El 3 de junio del 64, Argentina visita a Brasil en el Pacaembú por la Copa de las Naciones. Cerca del final de la primera parte, con el partido todavía 0-0, el juez suizo Gottfried Dienst sanciona un penal por una dudosa falta sobre Pelé en el área. El zurdo Gerson ejecuta un remate cruzado, fuerte y alto, Amadeo Raúl Carrizo vuela hasta lo inhumano para desviar con mano cambiada el remate, la pelota pega en el poste y sale, el partido termina 3-0 y Argentina acabaría por alzarse con aquel título.    

 

Más bien retacón pero morrudo. Pancho Varallo no tenía físico de 9 pero se las ingeniaba para girar siempre de espaldas al defensor y meter un pique corto con igual facilidad hacia su pierna diestra o zurda. Todo lo resolvía con la potencia del remate de cualquiera de sus dos piernas, le daba fuerte, sin hacer tanta puntería, lo importante es que la pelota fuera al arco.

De la fuerza de su tren inferior se valía para afirmarse y aguantar a defensores más grandes y encontrar el resquicio para el tiro o el cabezazo, Cañoncito Varallo se fue transformando en una máquina de meter goles.

Platense de Los Hornos, debutó en Gimnasia y jugó en el Lobo los últimos tres años del amateurismo, consiguiendo el título del 29. Pasó a Boca y jugó el resto de su carrera con los Xeneizes, club con el que ganó tres títulos y se mantiene como el segundo máximo goleador histórico de la institución.

Gano dos trofeos continentales con Argentina y fue subcampeón mundial en Uruguay 1930.   

 

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El 20 de septiembre de 1931, Francisco Antonio Varallo consiguió el primer gol de Boca Juniors ante River Plate en la historia del profesionalismo. Ejecutó un penal que él mismo le habían cometido, lo tapó el arquero Jorge Iribarren y remató de rebote sobre las manos del guardameta generando la primer tangana de la historia superclásica cuando los jugadores millonarios reclamaron falta y sufrieron tres expulsados por parte del juez Enrique Escola.   

 

Bajito, delgado, casi invisible... Invisible parecía para los defensores rivales que jamás encontraban referencia para marcar al Nene Sanfilippo. De derecha, de zurda, de cabeza, de penal, de rebote, a un toque o dos, de cualquier manera, lo que José Francisco Sanfilippo sabía hacer eran goles, con cualquier camiseta y en cualquier cancha, bajo presión, sin presión, no le importaba, el Nene metía goles.

Dueño de un pique corto fulminante y una extraordinaria intuición para encontrarse con la pelota en el área, su casa fue y es San Lorenzo, club con el que ganó tres títulos, fue goleador en cuatro campeonatos y es el máximo artillero de su historia. Aunque dejó su sello en un año en Boca, siendo goleador de la Copa Libertadores del 64 y en Nacional de Uruguay, donde anotó 25 goles en 21 partidos. Jugó en Banfield y Brasil antes de volver para retirarse en su Ciclón, y se retiró campeón.

Fue goleador de la Copa América del 59 con la Selección Argentina, con la celeste y blanca jugó dos mundiales y dos torneos continentales. 

 

EN ESTADO DE GRACIA 

 

El 12 de octubre de 1962, San Lorenzo enfrentaba a un gran Boca puntero del campeonato en el Gasómetro. Antes de salir a la cancha, José Francisco Sanfilippo tuvo una discusión con Antonio Roma, legendario arquero xeneize. Ya pisando el campo de juego, el Nene cerró el debate "Apenas empecemos te meto un gol de taquito". 

Coco Rossi sacó del medio tocando para Elvio Capdevila, que metió un pelotazo de 30 metros hasta la medialuna, hasta allí había picado como un rayo el Nene Sanfilippo y hasta allí llegaba como una tromba Antonio Roma, presto para el despeje. Sanfilippo enganchó la pelota con el taco derecho enviando el balón por sobre su propio cuerpo y el de Roma, que solo pudo observar impávido como el Nene metía el gol más rápido de la historia del fútbol argentino.

 

 

 

 

 

 

 

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November 15, 2019

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