Emiratos Arabes Unidos

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LOS 100. Puestos 90 al 81

Porteño de Pompeya, Tucho era un antiguo entreala derecho -hoy conocido como interno- que arrancaba a pura gambeta o buscando combinaciones desde mitad de cancha para terminar definiendo bien de 9, casi siempre con extrema precisión, disputaba ese puesto en la Selección Argentina con el Charro Moreno.

Fue tricampeón de América con la Selección Argentina y tricampéon local con Racing. Aunque su gran amor era Huracán, club en el que debutó y se retiró. En la Academia fue parte de una excelsa línea delantera junto Mario Boyé, Ruben Bravo, Llamil Simes y Ezra Sued

Es, todavía hoy, el máximo goleador de la Copa América de selecciones, con 17 tantos, honor que comparte con el brasileño Zizinho.

 

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El 10 de febrero de 1946 se jugó la final de la Copa América en el Estadio Monumental, Argentina batió por 2-0 a Brasil y Tucho Méndez fue la figura determinante del encuentro, anotando, además, ambas conquistas del campeón.

 

Creatividad y precisión fueron rasgos que secundaron a una extraordinaria visión panorámica a la hora de encontrar la mejor opción, fuese el compañero mejor ubicado o fuese un remate al arco, casi siempre de media y larga distancia. Se inició como volante central pero más tarde se adelantó hasta terminar jugando como un enlace clásico. Rosarino surgido en Newell´s, fue en la institución de Parque Independencia en la que consiguió sus mejores momentos y sus tres títulos como profesional. Aunque también tuvo interesantes pasos por el Tenerife y Lanús.

Fue parte de los procesos de selección de Bilardo y Basile aunque le quedó pendiente jugar un mundial.

 

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En 1991, el torneo argentino se definió con una final a partidos de ida y vuelta entre Newell´s y Boca Juniors, El Tata Martino había regresado al Parque Independencia para jugar esas finales y fue figura y autor de la asistencia para el gol de Eduardo Berizzo que les dio la victoria en el partido de ida. Ya en Boca, debió salir lesionado pero Newell´s se consagró campeón en definición por penales.  

 

Porteño, típico producto de la escuela de volantes centrales de Argentinos Juniors, el Checho jugó en varios equipos pero está plenamente identificado con los Bichos Colorados, al punto de mantener el apodo pergeñado por Víctor Hugo Morales: "El Checho de La Paternal".

Ubicuidad y un sexto sentido para interrumpir circuitos ajenos casi sin necesidad de roce, una vez recuperada la pelota la distribuía con criterio e intenciones siempre ofensivas, el Checho era el termómetro que decidía los tiempos de sus equipos.

Con Argentinos Juniors ganó la Copa Libertadores de 1985, ese equipo que desplegaba un fútbol de excepción y cuya base sale de memoria: Vidallé; Carmelo Villalba, Pavoni, Olguín, Domenech; Commisso, Batista, Videla; Pepe Castro, Pasculli o Borghi y Ereros. 

Carlos Bilardo lo eligió como el volante central de la gesta del 86 y también jugó el Mundial de Italia. 

 

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En 1985, la semifinal de la Copa Libertadores se disputó en un triangular junto a un gran Independiente y Blooming de Bolivia. Dicho triangular se definió con un partido ante el Rojo en Avellaneda. Sergio Daniel Batista jugó un partido rayano con la perfección y Argentinos Juniors venció 2-1, clasificándose así a la final del torneo continental.

 

Velocidad en los cierres, juego aéreo, presencia y dominio de situación fueron solo algunas de las características que destacaron a este santiagueño que desarrolló casi toda su carrera en Talleres de Córdoba. Institución de la que es uno de los máximos símbolos.

Menotti lo eligió como el compañero de zaga de Daniel Passarella, en desmedro de otros incuestionables grandes centrales de la época y Luis Adolfo Galván no lo defraudó, para fines de los 70 era considerado por muchos especialistas como el mejor defensor del mundo. 

Fue campeón del mundo en 1978 y jugó también el Mundial de España.

 

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El 25 de junio de 1978, Argentina vencía a Holanda en la final del mundo. Mario Kempes se llevó todos los flashes con su doblete fundamental, pero Luis Galván fue la figura principal de ese partido.   

 

Volar, flotar, viajar. Parecen objetivos de vida cualquier persona con cierta ambición pero era lo que podía hacer este riocuartense esmirriado y angelical , con una salvedad, hacía todo eso a toda velocidad y con la pelota siempre adherida a su pie derecho. 

Siempre de enganche o segunda punta, el Payaso deslumbraba desde las selecciones juveniles y en sus inicios en River Plate.

Casi despojado de defectos técnicos, Aimar conducía siempre con la cabeza levantada y encontrando las mejores opciones, su indomable gambeta, la asociación o la propia definición. Un mago capaz de ejecutar trucos a tal velocidad que obligaba a prestar especial atención para entender como lo había hecho. 

Descolló alcanzando puntos de altísimo nivel futbolístico en el Valencia de España, club con el que consiguió liga, Copa UEFA y Supercopa europea. Una pubalgia crónica le impidió alcanzar mayores brillos con la Selección Argentina, en la que, a pesar de la lesión, dejó una ristra de momentos inolvidables.  

 

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Muchos golpes a la galera y abracadabras hay en la cuenta del Pablo César Aimar. Arriba están el triunfo del Valencia por 4-2 en el Camp Nou ante el Barcelona de su amigo Riquelme en enero de 2003, con gol y asistencia incluidos. El golazo y memorable actuación en el 2-0 superclásico de 1999 y la exhibición brindada, otra vez junto a Román, en el partido de octavos de final del Mundial sub-20 de Malasia, ante Inglaterra. Mundial que bajo sus batutas acabó ganando brillantemente Argentina. 

 

Hábil, guapo y goleador. Rinaldo Fioramonte Martino es parte de la generación dorada argentina de los años 40. Claramente identificado con San Lorenzo de Almagro, club en el que fue campéon y en el que compartió un lujoso trío de ataque junto a René Pontoni y Armando Farro.

Rosarino, Mamucho se inició como entreala derecho pero fue el entrenador húngaro Emérico Hirschl el que encontró como conseguir su mejor potencial al ubicarlo sobre el lado izquierdo para que Martino encontrase su mejor perfil a la hora de enganchar hacia adentro y rematar al arco. 

Tras dejar San Lorenzo, jugó en la Juventus, club con el que ganó un Scudetto y más tarde dos torneos uruguayos con Nacional. 

Fue doble campeón de América con Argentina y llegó a disputar un encuentro con la selección italiana.

 

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El 25 de febrero del 45, Argentina definía la Copa América en el Estadio Nacional de Santiago ante Uruguay, con el partido igualado, Mamucho Martino arrancó desde tres cuartos a pura gambeta, dejando a tres rivales por el camino antes de terminar definiendo de emboquillada por sobre la cabeza de Roque Máspoli.

Durante años, ese gol fue conocido como "El Gol de América" y siempre que alguien conseguía anotar un tanto de similares características, los relatores repetían: "Fue un gol a lo Martino".

 

¿Puede un defensor central aguerrido, durísimo para el cruce y caracterizado por meterle miedo a sus rivales ser, además, un gran goleador? La respuesta lógica es negativa, pero el Tucumano José Rafael Albrecht no sabía de respuestas lógicas. Dueño de varios récords, es el séptimo defensor más goleador de la historia global con 95 tantos. La mayoría de esos goles provinieron de una de sus más destacadas cualidades: La ejecución de penales, metió 35 de 37 en San Lorenzo y 30 de 31 en el León mexicano.

Fue campeón con los famosos Matadores del 68, equipo en el que, según el propio Albrecht: "Jugábamos bien hasta los que éramos malos".

Pero Albrecht se subestimaba, fue un enorme central capaz de destruir con fiereza, construir con criterio y definir con autoridad. Tanto que llegó a disputar dos mundiales con la Selección Argentina.  

 

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El 28 de octubre del 70, San Lorenzo venció por 6-3 a Gimnasia y Esgrima de La Plata en el Gasómetro. Albrecht metió cuatro goles, dos de penal, repitiendo una marca que solo una vez antes había conseguido un defensa, Victorio Spinetto de Vélez en 1937, y que nadie más conseguiría después.  

 

El Cholo de San Nicolás es una muesca tallada en la línea de tiempo del fútbol argentino. Antes del Cholo estaban los que defendían, los que organizaban, los que creaban y los que definían. Simeone hacía todo eso junto. Partiendo desde su posición de mediocentro o volante interno, incluso de líbero en su última etapa en el Atlético de Madrid, a fuerza de dinámica era siempre rueda de auxilio del compañero que necesitara asistencia en la marca o del que precisara de una descarga para las jugadas de ataque. Simeone parecía estar en varios lugares de la cancha al mismo tiempo.

Se inició en Vélez y en apenas tres años se fue para desarrollar un extraordinario periplo europeo, Carlos Bilardo detectó rápidamente su talento para sumarlo a su proyecto desde muy joven. Terminó jugando tres mundiales y ganando dos Copas América con Argentina. 

 

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El 22 de marzo del 98, Inter vapuleaba por 3-0 al AC Milan en el Derby della Madonnina. Diego Pablo Simeone deslumbró al planeta jugando un partido descomunal y marcando dos de los goles del Neroazurro  

 

Tras iniciarse en Ferro, Tarzán se mudó a La Boca para convertirse en uno de los máximos símbolos de la identidad Xeneize habiendo conseguido seis títulos y atajar más de 300 partidos con el buzo de Boca. Firme bajo los tres palos, sin ser tan alto basaba toda su seguridad en la fortaleza de sus piernas y tronco superior. Volador, elástico para el mano a mano,  con voz de mando y una arrolladora personalidad ganadora, Antonio Roma fue arquero titular de la Selección Argentina en los mundiales de Chile e Inglaterra. Además de ganar la Copa América del 57.

 

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El 9 de diciembre del 62, Boca y River definían el campeonato en La Bombonera, Antonio Valentim adelantó a los xeneizes pero, a pocos minutos del final, el Millonario tuvo un penal a favor que ejecutó el brasileño Delem. Tarzán Roma lo atajó para darle el título a su equipo y grabar su apellido en el panteón de ídolos de La Ribera. 

 

"Ese parece que nació en Barracas", suele repetirse cuando aparece algún crack de cualquier latitud. Porque nacer en Barracas tiene que ser sinónimo de buen fútbol, no queda otra. No es para cualquiera ser ídolo de River y de Boca, ser campeón tres veces con cada uno de los clubes más grandes del país y encima no estar conforme. Porque el Beto Menéndez era un crack inconformista, rebelde, pendenciero. A puro pique corto desorientaba rivales, tocaba y enseguida hacía gala de su extraordinaria lucidez para encontrar el espacio para recibir solo, pensar un segundo, enfriarse y definir.

Pero no pensaba un segundo ni se enfriaba a la hora de pelearse con dirigentes, árbitros, técnicos propios y jugadores rivales. El Beto era un genio rebelde, sanguíneo, y esa rebeldía la usaba para demostrarle a los demás que él era capaz de cualquier hazaña. 

Jugó el Mundial 58 con Argentina.   

 

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El 29 de noviembre del 64, por la penúltima fecha del campeonato, River visitaba a un Boca con chances de ser campeón en la Bombonera. Luis Artime abrió la cuenta y parecía amargar el festejo local, hasta que, en el segundo tiempo, Beto Menéndez igualó el partido, les dio el título. Y consiguió meterse en la leyenda como el jugador que fue ídolo de los dos grandes.

 

 

 

 

 

 

 

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November 15, 2019

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