Emiratos Arabes Unidos

©2018 por Rashid Garcia. Todos los derechos reservados

LOS 100. Puestos 100 al 91

Hijo del mito, heredero de la leyenda. El Trinche Carlovich llega a este ránking solo porque un irrefrenable boca a boca ha conseguido inmortalizarlo. De la prolífica escuela rosarina, especialistas como Juan Carlos Montes, Jorge Valdano o Carlos Griguol se han deshecho en elogios para con el volante central.

Según César Luis Menotti: "Parecía que la pelota lo llevaba a Carlovich, ella iba para donde quería y lograba que el Trinche la acompañara". 

José Pekerman es menos romántico: "Es el mejor futbolista que vi".

Pero no son los especialistas, sino el boca a boca de su ciudad, el que lo transformó en un  alquimista capaz de hipnotizar a más de un rey mediante tacos, gambetas, caños o maravillosos goles de volea. 

Aunque fue al propio Trinche al que no le importaban los favores reales, él mismo lo explicó: "Yo era feliz jugando en mi ciudad, cerca de mi casa, de mis amigos. Para mí, jugar en Central Córdoba de Rosario era lo mismo que jugar en el Real Madrid".  

Un gran amigo, que hace rato ya anda contando historias futboleras en el más allá, me gritó alguna vez: "¿El Trinche? ¡El Trinche era mejor que Maradona!"

Y en este, que es un sitio no apto para refutadores de leyendas, no se permiten intrusos que se atrevan a negar cualquiera de las afirmaciones anteriores. 

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

Fue en 1974 cuando la Selección Argentina, en medio de su preparación para el Mundial de Alemania, se enfrentó en un amistoso a un combinado rosarino. Al finalizar el primer tiempo, la Selección Nacional ya perdía 0-3 en medio de un baile y había sido tan deslumbrante la exhibición del Trinche, que el entrenador de la absoluta debió pedirle a su par rosarino que quite a Carlovich de la cancha.

 

En una era en la que la ya existía una grieta, pero bastante más amable que la actual, se debatía entre la conveniencia de tener un arquero "atajador" o uno "salidor", la eterna ambigüedad que inauguraron los Fillol o Roma de un lado, contra los Carrizo o Gatti del otro.

En el medio estaba Cejas, despreocupado de esa grieta, prefirió pararse en un gris neutral aunque para nada tibio y hacer las dos cosas, y las dos magníficamente bien.

Elástico, atento, sobrio, ganador, sobre todo ganador. Fue el arquero de los legendarios títulos de Libertadores e Intercontinental del Rácing de José. Iba a ser el arquero argentino del Mundial 70 si un desastre organizativo no dejaba a Argentina sin Mundial.

Tan locos volvió a los brasileños en los clásicos de la época, tan determinantes eran sus actuaciones, que Pelé decidió llevarlo para su Santos en 1970. Y, claro, Cejas volvió a ser campeón.  

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 25 de agosto del 67 se jugó la segunda de las tres finales que enfrentaron a la Academia con un extraordinario Nacional de Montevideo. Cejas sostuvo su arco en cero tras una actuación magistral en la que se basó la resistencia a los permanentes embates del conjunto uruguayo. 

 

Pedro Rodolfo Dellacha era, ante todo, un rudo. Defensa central serio, temperamental, aguerrido, impasable en el mano a mano, aunque también dúctil con la pelota en los pies a la hora de iniciar los avances de su equipo. Equipo que en la mayor parte de su carrera fue Racing, con el que consiguió ser campeón en 1958.

Fue capitán del legendario team argentino que consiguió el Sudamericano -la antigua Copa América- de 1957. Ese mismo año, Dellacha fue galardonado con el premio Olimpia de Oro al mejor deportista argentino.

O´Rei Pelé, en su autobiografía, dictaminó: "Fue el defensor que más fuerte me marcó".

El gran periodista Felix Daniel Frascara lo bautizó con un apodo que le quedaba de perlas: "Don Pedro del Área"  

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 28 de marzo de 1957 se enfrentaban Argentina y Chile en el Estadio Nacional de Lima, por la cuarta fecha del Sudamericano. La actuación de Dellacha fue tan deslumbrante que el estadio en pleno se dedicó a aplaudir de pie cada una de sus intervenciones. 

 

Porte y estampa de estrella de rock, más bien individualista y de andar cansino. Ricardo Julio Villa se podría haber transformado en otro de esos jugadores de culto, si no fuera porque César Luis Menotti posaba sus ojos en él justo a tiempo.

De esos que, en general, se mueven en unos pocos metros cuadrados, pero que desde esos metros cuadrados hace jugar al resto, Villa fue un típico director de orquesta, siempre dispuesto al pase largo exacto o a la asistencia inexplicable.

Debutó en Quilmes y no tuvieron paciencia con ese andar pachorriento hasta que llegó a Atlético Tucumán y explotó, Creció su barba, creció el pelo, lo apodaron Dios, Menotti lo convocó a la Selección del Interior primero y a la mayor después... Y llegó a Racing. Apenas un año en La Academia y ya Villa era un rockstar global, así que desde la cuna del rock y el fútbol lo fueron a buscar para marcar una era en el Tottenham Hotspur. Con los Spurs ganó tres títulos y todavía hoy su rostro barbado es camiseta y tatuaje a lo Che Guevara.  

Iba a ser el enganche titular de la Selección Argentina en el Mundial 78 hasta que irrumpió un tal Mario Kempes a quedarse con ese puesto. Es uno de los argentinos campeones del Mundo,   

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 9 de mayo de 1981 se jugó la final revancha por la FA Cup en Wembley, Tottenham Hotspur y Manchester City definían el campeón tras haber empatado 0-0 en el primer choque. Villa anotó el primer gol de los Spurs pero el City lo dio vuelta. Garth Crooks volvió a igualar y, a 14 minutos del final, Ricardo Julio Villa armó una jugada de papi fútbol entrando al área de Los Ciudadanos, hizo pasar de largo cinco veces a tres defensores y definió ante la salida del arquero. Ese gol se recuerda como uno de los mejores de la historia de Wembley y de la FA Cup.   

 

Sereno, inteligente y siempre bien ubicado. El Negro Ramos Delgado, oriundo del sur del Gran Buenos Aires, debutó en Lanús, jugó 172 partidos en River y pasó por Banfield. Con una extraordinaria capacidad para quitarle el balón a los rivales casi siempre sin siquiera rozarlos. Polifuncional, podía ser zaguero central, volante tapón o hasta lateral derecho. 

En 1966. cuando ya tenía 31 años y estaba planeando su retiro, recibió un llamado inesperado, Pelé lo convocaba para su Santos. Terminó jugando cinco años, más de 300 partidos y 6 títulos con esos Globetrotters que se dedicaban a pasear su fútbol por el mundo.

Jugó dos mundiales con la camiseta de la Selección Argentina.

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 3 de junio de 1964, Argentina vence a Brasil por 3-0 en el Pacaembú, en el marco de la Copa de las Naciones y Ramos Delgado fue el baluarte defensivo que esterilizó cada intento de la delantera local, siempre con su limpio juego de galera y bastón. Esa delantera estaba comandada por Gerson, Vavá y, sí, el mismísimo Pelé. 

 

Morrudo y bajito, con la típica estampa del crack bien argentino. El chaqueño no daba pases a sus compañeros, les alcanzaba la pelota. Siempre preciso, siempre cerebral. 

Se inició como volante central aunque brilló también como enganche. 

El Negro nació futbolísticamente en Rosario Central y solo en Arrroyito desplegaría su mejor repertorio. Fue campeón en el 80, se fue a Colón pero volvió para ser campeón en el 87, pasó por River y México y volvió para ser partícipe de uno de los sucesos más legendarios de la historia del fútbol argentino, las finales de la Copa CONMEBOL de 1995.

Porque el Negro siempre volvía a su casa, y siempre volvía para ser campeón.

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 17 de diciembre de 1980 se jugó la final de ida del Campeonato Nacional, Rosario Central vapuleó por 5-1 al Racing cordobés del Coco Basile y Palma fue parte fundamental de una exhibición futbolera en Arroyito.

Esa noche, además, consiguió su primer tanto como futbolista profesional, fue un soberbio derechazo de larga distancia al ángulo del arco defendido por el tucumano Juan Manuel Ramos.

 

César Menotti quería que su selección tuviera un juego fluido, ofensivo, siempre de cara al arco de enfrente y achicando espacios bien adelantado en el campo. Pero, claro, para conseguir todo eso tenía que empezar por recuperar la pelota, y la pelota la recuperaba a partir de un futbolista que parecía no tocar las mismas notas que ese tipo de orquesta.

Tolo Gallego fue el 5 inamovible de la Selección Argentina durante todo el ciclo Menotti gracias a su capacidad para hacerse eje de ese atildado circuito de juego mediante su visión para comandar la presión en conjunto y su posicionamiento estratégico para relevar a laterales o centrales volcados en ofensiva. 

Cordobés formado en la escuela de Newell´s Old Boys de Rosario, pasó a River y fue clave en el hasta ahora no repetido triplete de 1986, consiguiendo torneo local, Copa Libertadores y Copa Intercontinental con el equipo dirigido por el Bambino Veira.

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 14 de junio de 1978, Argentina jugaba un partido de alta presión en su mundial y estaba obligado a ganarle a Polonia en Rosario. Gallego fue un pulpo que debió multiplicarse para sostener a un mediocampo rival que presentaba a talentos como Kazimierz Deyna y Zbigniew Boniek. 

 

Oriundo de Las Lomitas, en la provincia de Formosa, Francisco Pedro Manuel Sá fue un marcador central seguro, elástico para cerrar a espaldas de los laterales e impasable en el juego aéreo defensivo. Es todavía hombre récord en lo que a copas Libertadores se refiere, habiendo ganado seis de ellas, cuatro con Independiente y dos con el Boca del Toto Lorenzo.

Fue parte del plantel argentino que disputó el Mundial de 1974.

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 28 de noviembre de 1973, Independiente, en el Olímpico de Roma, venció a la poderosa Juventus por 1-0 y conquistó la Copa Intercontinental. Pancho Sá, secundado en la zaga por el Zurdo López, jugó un partido extraordinario para terminar siendo una pieza fundamental de ese logro.    

 

Eficacia siempre basada en la distinción, Juan Ernesto Simón era un futbolista ante todo elegante. Elegante para quitar la pelota del pie del rival con la punta del botín, elegante para controlar y salir siempre jugando con la cabeza levantada y buscando al compañero mejor ubicado, elegante para romper líneas con precisos pases filtrados.

Rosarino nacido en Newell´s, zaguero central adaptable a línea de 4 o como líbero en línea de 3, fue titular indiscutido del irrepetible seleccionado que ganó el Mundial sub-20 de 1979 en Japón. Alcanzó su mayor esplendor en sus cinco años en Francia y retornó a Argentina para jugar en Boca Juniors, esta vuelta le abrió las puertas para que Bilardo lo elija como el sucesor de Daniel Passarella y Jose Luis Brown para liderar su defensa en el Mundial de Italia, Simón no lo defraudó.

 

EN ESTADO DE GRACIA

 

El 8 de julio de 1990, Argentina perdió la final del mundo ante Alemania, pero Juan Simón fue la figura del partido otorgando una magistral clase práctica de como ocupar el puesto de líbero.

 

Carisma, puro carisma. Es la primera palabra que a uno se le ocurre para describir el andar de "El Exorcista", tal y como este santafesino de cuna cordobesa fue bautizado por Roberto Fontanarrosa. Ídolo de Talleres de Vélez, arrancó como un adelantado falsó 9 para terminar parado bien de enganche, caminando la cancha, buscando la sombra para pensar en hacer jugar a sus equipos. Con El Fortín fue campeón en 1968.

Su andar cansino podía sugerir cierta desidia cuando no tenía la pelota pero todo se iluminaba cuando El Daniel se encontraba con el balón, pases perfectos, enganches desconcertantes y una pegada prodigiosa que lo emparentan, en cierto punto, como una suerte de génesis de Juan Román Riquelme, si hasta de cara son parecidos. 

 

EN ESTADO DE GRACIA 

 

En 1968, Vélez Sarsfield enfrentó al Santos, Daniel anotó un gol y jugó un partido tal que consiguió que uno de sus rivales de ese día lo mencionara con una sentencia contundente: "Willington es el mejor jugador del mundo". Ese rival era Pelé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Please reload

November 15, 2019

November 15, 2019

November 15, 2019

Please reload

Etiquetas